Programa

PROYECTO DE PROGRAMA

Aprobado por la Mesa de Coordinación Nacional de ANDALUCÍA COMUNISTA el 10 de Abril de 2011

Nosotros venimos a vaciar nuestras ideas y sentimientos en los moldes del dolor de nuestra Andalucía hambrienta y vilipendiada, esclava de caciques y prostituta de toreros

Blas Infante

 

Introducción

ANDALUCÍA COMUNISTA es un Partido marxista-leninista, integrante del Movimiento de Liberación Nacional Andaluz, que nace con la clara vocación de ligar la lucha del Pueblo Trabajador Andaluz por la liberación nacional con la lucha por el socialismo, entendido éste como fase inferior del comunismo. Pero las declaraciones de principios abstractas, por muy revolucionarias que puedan parecer, no sirven de nada cuando no se contrastan con la realidad existente para ver cuales son las contradicciones vivas que nos rodean y cuales son, por tanto, los motores de su transformación.

La intención de ANDALUCÍA COMUNISTA con este .Proyecto de Programa es, yendo de lo general a lo concreto, hacer aterrizar nuestros principios ideológicos a la realidad concreta del Pueblo Trabajador Andaluz para ver cual es el camino hacia el socialismo en nuestra tierra. Sin duda, contendrá errores e insuficiencias productos de nuestra inexperiencia y de la aún insuficiente implantación de nuestro joven Partido en nuestra nación, pero intentaremos suplirlos con espíritu revolucionario, modestia y autocrítica.

No consideramos que este documento sea un arma contra el resto de organizaciones que componen el Movimiento de Liberación Nacional Andaluz ni que el Pueblo Trabajador Andaluz tenga que amoldarse a el por obra y gracia de ningún dogma revelado. Intentamos que este Proyecto de Programa sea una muestra de honestidad y coherencia por parte de nuestro Partido. Queremos dejar bien claro a cualquier persona o colectivo que se nos acerque cual es nuestra visión de las causas, efectos y soluciones de los problemas que, en su vida cotidiana, sufre nuestro pueblo. Esta es nuestra percepción de la realidad y nuestra propuesta de futuro.

Mesa de Coordinación Nacional de ANDALUCÍA COMUNISTA

Córdoba, 10 de Abril de 2011

 

1. El capitalismo

La actual sociedad está regida por relaciones de producción capitalistas, que se corresponden con una fase en el desarrollo de las fuerzas productivas mundiales. La esencia de estas relaciones de producción consiste en que la clase capitalista es propietaria de las fábricas, de las máquinas, de las herramientas de trabajo y de los materiales y materias primas, mientras que el proletariado, que no tiene nada de esto, posee tan sólo su propia fuerza de trabajo.

1.1. Aparición de las relaciones capitalistas

Desde su mismo nacimiento, el capitalismo rezumó sangre y fango por todos los poros desde los pies a la cabeza, tal y como afirmara K. Marx. Por medio de la ruina de artesanos y campesinos, de la usura, la rapiña de las tierras comunales, la piratería y todo tipo de violencias y crímenes, la burguesía consiguió acumular el capital suficiente y empujar a sus empresas a gran cantidad de trabajadores obligados para subsistir a convertirse en obreros asalariados. La incorporación de América al mercado mundial (a partir de 1492) y el expolio de su oro y su plata, la esclavización de grandes masas de africanos (entre los siglo XVI y XIX, fundamentalmente) y el exterminio de los nativos americanos fueron fundamentales en este proceso de acumulación originaria de capital. Una vez cumplidos estas premisas económicas, la burguesía fue desplazando las viejas formas económicas feudales en beneficio de la producción mercantil y del libre comercio, que respondían mejor a sus necesidades. Al mismo tiempo, fue reclamando su importancia política hasta conquistar la hegemonía exclusiva del poder político que utilizó para decretar todo tipo de leyes económicas y represivas en su beneficio. Vemos así, por ejemplo, como por el decreto del 14 de junio de 1791, esa misma burguesía francesa que hablaba de “libertad, igualdad y fraternidad” declaró todas las coaliciones obreras como "atentatorias contra la libertad y contra la Declaración de los Derechos del Hombre", punibles con una multa de 500 libras y privación de la ciudadanía activa por el término de un año.

Sin embargo, la aparición y consolidación de las relaciones capitalistas de producción representó un progreso tremendo de las fuerzas productivas ya que el capitalismo no puede existir sino a condición de revolucionar ininterrumpidamente los medios de producción y, en consecuencia, las propias relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales, primero dentro de cada Estado y luego en todo el mundo entero. Además, el capitalismo engendra desde el primer momento y constantemente al proletariado, la clase de los obreros asalariados modernos cuya misión histórica es destruir el régimen burgués y edificar una nueva sociedad sin explotadores ni explotados que signifique el paso del reino de la necesidad al reino de la libertad: el comunismo.

1.2. La explotación capitalista

Bajo el capitalismo, la mayor parte de las fábricas, de las máquinas, de las herramientas de trabajo y de los materiales y materias primas pertenece en exclusiva a los capitalistas y grandes terratenientes. Mientras que los proletarios que forman la inmensa mayoría de la sociedad se ven obligados a vender su fuerza de trabajo por un salario que sólo les permite perpetuar esta condición de asalariados.

La esencia del proceso de explotación capitalista radica en la producción de plusvalía. El obrero asalariado crea durante una parte el producto necesario para su propio sustento. Durante la otra parte de la jornada crea la plusvalía, que el capitalista se apropia gratuitamente. La plusvalía es el valor que el trabajo no pagado del obrero asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y del que se apropia gratuitamente el capitalista.

Al organizar la producción, el capitalista desembolsa una determinada suma de dinero para adquirir medios de producción y para comprar fuerza de trabajo sin perseguir más que un objetivo: obtener un excedente de valor sobre la cantidad de dinero inicial anticipada por él, es decir, obtener plusvalía. Lo que a los capitalistas les interesa no es la producción de medios de producción y artículos de consumo, útiles para la sociedad, sino la obtención del máximo de plusvalía. El aumento de la plusvalía sigue dos caminos, el primero es prolongar la jornada o intensificar el trabajo. El segundo es reducir la parte de la jornada que se necesita para compensar el valor de la fuerza de trabajo. Esto se consigue mediante la elevación de la productividad del trabajo en los sectores de la industria que o bien se dedican a producir artículos de consumo vitalmente necesarios para los obreros o bien producen medios de producción para esos mismos artículos de consumo. Algunos capitalistas pueden lograr también una plusvalía extraordinaria aplicando perfeccionamientos técnicos de los que otros carecen. En tal caso invertirán menos recursos para la obtención de cada artículo producido, aunque las mercancías las venderán a los precios que son comunes entre la generalidad de los productores. Pero también los demás capitalistas tratan de obtener una mayor plusvalía, y en busca de plusvalía extraordinaria perfeccionan sus instalaciones. A ello les empuja la competencia.

La sed de acumulación, bajo el capitalismo, no tiene límites. Los capitalistas procuran ampliar incesantemente la producción poniendo para ello en circulación la plusvalía creada por los obreros. Ampliando la producción -lo cual va acompañado de un aumento del número de obreros asalariados sometidos al yugo de la explotación capitalista- y elevando la cuota de explotación, la clase de los capitalistas se apropia de una masa de plusvalía cada vez mayor. Por consiguiente, la acumulación del capital lleva a un aumento de la riqueza de la clase de los capitalistas, a intensificar la explotación de la clase obrera, al empeoramiento de la situación de dicha clase. En el proceso de realización y distribución, la plusvalía se divide en ganancia obtenida por los empresarios industriales y comerciales, interés, que perciben los banqueros, y renta, que se embolsan los terratenientes.

Sólo el trabajo de los obreros asalariados es la fuente constante e inagotable de las riquezas de la clase capitalista. La irreductible contradicción, cada vez más honda, entre los intereses del capital y del trabajo sirve de acicate a la movilización de las masas para la lucha anticapitalista.

1.3. Las crisis económicas

El deseo de obtener una plusvalía cada vez mayor mueve a los capitalistas a aumentar ilimitadamente la producción lo que, en unas circunstancias en que el consumo se ve reducido al estrecho marco de la demanda de las masas, halla salida en el incremento de la producción de medios de producción. Pero esa ampliación de la producción, cuando la producción de artículos de consumo se ve limitada a la capacidad adquisitiva de las grandes masas, conduce periódicamente a crisis de sobreproducción. Dado que la meta final la producción es la producción de artículos de consumo, la causa última de todas las crisis económicas es el limitado consumo de las masas. Vemos, por tanto, que la contradicción fundamental del capitalismo es la que se produce entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación capitalista.

Las crisis económicas no son más que la sobreproducción de mercancías que, al no poder venderse, provocan la caída de los precios y el brusco descenso de la producción. Durante las crisis crece bruscamente el desempleo, desciende el salario de los trabajadores que todavía trabajan, los créditos se trastornan y muchos patronos, especialmente pequeños, terminan arruinados. A pesar de todo, lentamente, los stocks de mercancías se van vendiendo poco a poco a bajo precio. El mercado se reactiva, al principio tímidamente y luego con euforia, experimentando un auge. Esta sucesión de crisis, depresión, reactivación y auge, para volver de nuevo a la crisis, demuestra que la producción capitalista se desarrolla cíclicamente.

Las crisis son un producto de la contradicción fundamental del capitalismo, la que existe entre el carácter social de la producción y la apropiación privada del fruto del trabajo. El carácter social de la producción se manifiesta, primero, en que los distintos sectores son parte integrante del proceso social de producción; y segundo, en la concentración de la producción en empresas cada vez mayores. Lo uno y lo otro crean enormes posibilidades para que la producción aumente. En el período de reactivación, y especialmente en el de auge, el formidable incremento que experimenta, afecta sobre todo a la producción de medios de producción. Mientras se construyen nuevos centros de trabajo, fábricas, se amplían los existentes, etc. crece hasta cierto punto la demanda de mano de obra y, a causa de ello, de artículos de consumo, pero este aumento está lejos del nivel del que experimenta la demanda de medios de producción. Por eso, tarde o temprano, a causa de la anarquía de la producción capitalista, la enorme capacidad de producción acaba con chocar con la imposibilidad de los mercados de absorber tantas mercancías. Las crisis son la prueba más evidente de la cada vez mayor contradicción que existe entre las relaciones burguesas de producción y las fuerzas productivas, una señal evidente de las limitaciones del modo de producción capitalista: es la muestra que la sociedad actual podría proporcionar una cantidad mucho mayor de productos destinados a mejorar la vida de los ciudadanos si los medios de producción se utilizaran no para llenar los bolsillos de los capitalistas sino para satisfacer las necesidades de toda la sociedad. Pero para ello es necesario convertir en social la propiedad privada de los medios de producción: socializarlos.

 

2. El imperialismo

La expansión y consolidación del sistema capitalismo lo llevó a finales del siglo XIX y comienzos del XX a su fase monopolista de desarrollo, el imperialismo cuando, como resultado del crecimiento gigantesco y la concentración de la gran industria surgieron los monopolios. Este proceso de concentración de la producción es un fenómeno lógico y natural que nace de la libre competencia capitalista y se desarrolla al propio tiempo que el propio sistema capitalista intensificado por las crisis periódicas de superproducción. Durante los períodos de crisis, las empresas pequeñas o más débiles, al no poder hacer frente a la competencia, son desplazadas o absorbidas por las más grandes, pues éstas, al contar con un mayor poder económico, pueden aplicar la tecnología más avanzada, con lo que abaratan los costes de producción y multiplican la productividad. Nacen de esta manera las distintas formas de monopolio. Así pues, la libre competencia capitalista engendra la concentración de la producción y ésta, a su vez, llegada a un grado de desarrollo, da origen a la aparición de los monopolios.

2.1. El capital financiero.

La aparición del capital financiero es uno de los rasgos más característicos del imperialismo. Al tiempo que se concentra la producción y se forman los monopolios, se produce la concentración de los bancos y aparece el capital financiero. Si con el capitalismo concurrencial los bancos eran, simplemente, los intermediarios de pagos entre los capitalistas, con el crecimiento de la industria y el subsiguiente auge de las operaciones bancarias, los bancos fueron concentrando en sus manos el capital monetario al tiempo que controlaban los medios de producción.

El medio más directo para hacerse con el control de las empresas es e crédito. De él dependen los capitalistas individualmente para poder sobrevivir a la competencia. Los bancos más fuertes terminan por absorber a los pequeños y a las empresas controladas por ellos. Los bancos se convierten así de modestos intermediarios en verdaderos poderes económico-financieros que controlan la vida económica de toda la sociedad actual. De este modo se han fundido el capital bancario y el industrial, dando lugar al capital financiero, que se halla en manos de unos cuantos grandes bancos, que son dominados a su vez por un nuevo y reducido grupo: la oligarquía financiera.

2.2. La exportación de capitales

Otra de las características del imperialismo es la exportación de capitales que, si bien ya existía en la época del capitalismo premonopolista, desempeñaba entonces un papel secundario frente a la exportación de mercancías. La necesidad de exportar capital surge debido a que la oligarquía financiera, tras concentrar en sus manos enormes cantidades de recursos, se ve obligada a desplazar sus inversiones a zonas del mundo donde la cuota de ganancia es mayor. Así es como son incorporados los países atrasados a la circulación mundial de capital ya que, en ellos, la cuota de ganancia es superior por ser más bajo el precio de la tierra, de los salarios y de las materias primas. Pero el desarrollo capitalista de estos países es completamente dependiente de las grandes potencias imperialistas.

2.3. El fenómeno de la dependencia

Este capital exportado por los países imperialistas, desarrolla las ramas de la actividad económica que convienen a su oligarquía financiera, en una primera etapa, en los sectores productores de materias primas para la exportación. En Andalucía, por ejemplo, el capital británico se concentró, durante el siglo XIX, principalmente en la extracción de minerales. En estos centros mineros todo procedía del Reino Unido: desde la comida hasta los técnicos que dirigían las minas. Evidentemente, el capital británico no tuvo ningún interés de desarrollar las ramas de la industria transformadora de este mineral. Para el era preferible extraer el mineral y mandarlo en estado bruto a su propio país, donde era transformado en distintos productos manufacturados que volvían a nuestro país y a otros países a un valor mucho más elevado que el del mineral en bruto. Esta relación económica produce un crecimiento exagerado de algunas ramas de la producción y de algunas ciudades, especialmente los puertos: se desarrollan aquellos centros que están más ligados a la actividad económica extranjera, pero el resto del país permanece subdesarrollado. La existencia de zonas muy desarrolladas junto a zonas de muy escaso desarrollo económico dentro de un mismo país es una de las deformaciones que caracterizan el desarrollo dependiente.

El control de la industria por los países imperialistas hace que la economía tenga que adaptarse a las necesidades en que se desarrolla la industria de los países imperialistas, lo que fuerza a usar en ella tecnología moderna que los países dependientes no producen. Las industrias de los países dependientes no caminan sin las máquinas, repuestos, organización de la producción… de los países imperialistas. Además de pagar elevadas sumas de dinero para comprar esta maquinaria, tienen que pagar las patentes para usar esta, a los técnicos que las instalan y realizan su mantenimiento… Por último, al depender la tecnología de un país imperialista los fondos de I+D+i terminan en manos de empresas extranjeras dueñas de las patentes, lo que les ayuda a perfeccionar más aún su tecnología y a acrecentar esta relación de dependencia tecnológica.

Otra de las características de la dependencia es que los países dependientes se caracterizan por el hecho de exportar sólo una pequeña variedad de productos, en general productos primarios. El hecho de comprar y vender sus productos fundamentalmente a un solo país produce la dependencia comercial.

2.4. El imperialismo, antesala de la revolución socialista

Producto de la necesidad del capital monopolista de exportar capitales surgen las contradicciones entre las diversas potencias imperialistas por el reparto del mercado mundial. Este reparto es siempre temporal y precario ya que, producto de la ley de desarrollo desigual del capitalismo, mientras unos países se refuerzan, otros se debilitan provocando nuevas correlaciones de fuerza que no se corresponden con el reparto previo, lo que agudiza seriamente la tendencia a la guerra.

Con el imperialismo, cualquier mercancía es producto del trabajo común de miles de obreros, pero la apropiación de esta producción aún es privada puesto que los medios de producción siguen en manos de un minúsculo número de personas: la contradicción fundamental del capitalismo se hace, pues, mucho más aguda. La socialización llega a su grado máximo con el dominio de los monopolios y, con ello, se crean las premisas materiales para el socialismo.

Además, en esta etapa monopolista del capitalismo, se agudizan todas las contradicciones del sistema: la que enfrenta a la burguesía y al proletariado dentro de los países capitalistas, la que enfrenta a los distintos monopolios entre si por el reparto del botín y la que enfrenta a los pueblos oprimidos al imperialismo.

Por eso, los marxista-leninistas afirmamos que el imperialismo es la fase última del capitalismo, antesala de la revolución socialista.

3. Clases y lucha de clases

Desde el mismo nacimiento de la división social del trabajo, las contradicciones engendradas por esta han provocado la lucha entre las diferentes clases creadas por ella. Esta lucha de clases no siempre ha sido abierta y, en muchas ocasiones se ha dado en una forma más instintiva que consciente. Pero, de una forma u otra, las contradicciones sociales han sido el acicate de las diferentes luchas políticas a lo largo de la historia. La humanidad ha visto como se desarrollaban todo tipo de movimientos de las clases oprimidas en pos de su liberación. Rebeliones como la de la época de los Gracos del 135 a.n.e. en Sicilia o la de Espartaco del 73 a.n.e. en Capua quedarán en los anales de la historia como demostración del instinto de rebeldía de los esclavos. Movimientos emancipatorios como las bagaudae del Bajo Imperio Romano son el reflejo de antagonismos sociales entre coloni y patroni resultantes de los profundos cambios que se habían dado en Occidente tras la paulatina implantación del colonato a partir del siglo III.

Pero estas rebeliones, cargadas con mayor o menor grado de utopismo y/o de violencia ciega, no aspiraban a la abolición de las clases. Esto era, sobre todo, resultado lógico de una realidad material: la economía del Imperio Romano o de la Alta Edad Media no permitía la construcción de una sociedad sin clases al no haberse desarrollado suficientemente las relaciones sociales de producción (entendidas en sentido amplio como el poder estatal, los sistemas productivos y las relaciones de clase).

3.1. La nueva sociedad se engendra en la entrañas de la vieja

El feudalismo existía en germen ya en la última época del esclavismo tal y como ya hemos visto (el colonato) y, a su vez, el capitalismo ya existía en potencia siglos antes de la toma del poder político por la burguesía. Aunque la Revolución Inglesa (1642-1660), las Guerras de los Ochenta Años de los Países Bajos (1568-1648), la Guerra de Independencia de las Trece Colonias Americanas (1775-1783) o la Revolución Francesa de 1789, reflejan la madurez de la burguesía para la toma del poder político; la nueva formación económico-social se había fraguado a lo largo de siglos en el seno del feudalismo en base al desarrollo del mercantilismo y de una primitiva acumulación de capital. Esta toma del poder político no era otra cosa sino la traducción en la superestructura política de un cambio que, en la base económica, se había ido dando paulatinamente a lo largo del tiempo.

Sin caer en una simplificación determinista, y advirtiendo que la superestructura político-ideológica juega un papel esencial en la configuración y en la forma concreta que pueda adoptar la base económica, no debemos perder de vista que lo esencial es que es la realidad material la que determina la conciencia y que es la base socio-económica la que da pie a la superestructura jurídica política e ideológica aún cuando esta condicione a aquella.

Con la consolidación del modo de producción capitalista se consigue el nivel necesario de las fuerzas productivas y el suficiente desarrollo del carácter social de la producción para poner las bases de la superación de la división social en clases. Desde su mismo nacimiento como clase, la burguesía crea y desarrolla a su antagonista, la clase obrera, como producto genuino y típico del trabajo asalariado. Es el modo de producción burgués quien cría y alimenta en su seno a su enterrador: al proletariado.

3.2. El proletariado, clase revolucionaria

El desarrollo del capitalismo asimila o destruye todas las viejas formas de producción convirtiendo, de una forma u otra, a todos los productores en trabajadores asalariados o supeditándolos al mercado capitalista. De esta forma, la profundización de la división social del trabajo simplifica las contradicciones de clase en gran parte, creando dos polos en torno a los cuales orbitan los intereses históricos de los demás grupos sociales: la burguesía y el proletariado. Al mismo tiempo, la cada vez mayor socialización del trabajo producto del desenvolvimiento de la producción capitalista entra cada vez más en contradicción con la apropiación privada de los frutos de la misma provocando cíclicamente crisis de sobreproducción que sólo pueden ser parcheadas con la intervención pública en la economía como reflejo en lo concreto de la necesidad histórica de la abolición de la división de clases.

Al ser el proletariado una clase que pone en el orden del día histórico la abolición de las clases sociales necesita de una ideología de vanguardia, intransigente con toda forma de idealismo en cualquier terreno del conocimiento social. Esta ideología es el marxismo-leninismo, síntesis teórica de los progresos más avanzados del saber universal y de más de 150 años de lucha que permite al proletariado analizar su realidad y entenderla sin deformaciones ideológicas, tal y como es; comprenderla y superarla en torno a propuestas concretas que hacen avanzar el proceso histórico hacia el objetivo último que este ansía: el Comunismo. Esta doctrina científica, al ser la síntesis teórica de esta experiencia práctica de la lucha de clases del proletariado, no es asimilable por este más que en función y como producto de dicha lucha de clases.

Tenía toda la razón Lenin cuando escribía que los hombres siempre habían sido cándidas víctima del engaño propio y ajeno a la hora de hacer política y siempre lo serían mientras no aprendiera a discernir que detrás de todas las frases, declaraciones, promesas y posiciones políticas se escondían los intereses de una u otra clase. Y es precisamente el marxismo el que nos capacita para descubrirlos. Por eso la burguesía ataca tan ferozmente las principales herramientas teóricas del proletariado: para que este no sea capaz de comprender la realidad, para que no pueda entender y transformar las estructuras del poder, la explotación y la opresión, para que no pueda analizar las contradicciones fundamentales que definen la relación capital-trabajo.

Ahora bien, aunque es tremendamente difícil que la clase obrera cumpla con su misión histórica careciendo del gran acervo que constituye el marxismo-leninismo, es imposible que su conocimiento nazca de las condiciones de existencia diaria de una clase dominada no sólo económica y socialmente sino, sobre todo, ideológicamente, al ser este tremendamente complejo en sus implicaciones y en su riqueza ideológica. El comunismo científico es asimilado por medio de una de una dedicación constante de un pequeño grupo de individuos a los que su experiencia vital de lucha y su inquietud intelectual han empujado a asimilar esta doctrina científica. Vemos, pues, que el marxismo-leninismo es conocido y comprendido por una ínfima minoría de vanguardia de la clase obrera, “un puñado de antisociales” según la visión burguesa, que se empeñan en comprender críticamente todo cuanto les rodea y, especialmente, las razones de sus condiciones de existencia diaria y las de la sociedad en la que viven.

Para que las expresiones de lucha populares puedan adquirir un carácter plenamente revolucionario es necesario que sean capaces de unirse en torno a un objetivo común y que sean capaces de prever los movimientos de su enemigo de clase tanto en el terreno político y económico como en el ideológico. Para ello deben fusionarse esta vanguardia portadora de la doctrina revolucionaria del proletariado con las grandes masas populares, que se organizan en torno a diferentes reivindicaciones concretas. Y ello por dos razones: primero porque de esta forma se dota de continuidad y perspectiva de clase y revolucionaria a dichos movimientos y, segundo, porque sin el desarrollo vivo y real de la lucha de clases el marxismo-leninismo es incomprensible por la misma vanguardia. Por tanto, esta fusión ideología-masas no debe verse como un acto mecánico, sino como un proceso dialéctico, vivo, contradictorio y en continuo movimiento.

El proletariado es la clase llamada por la historia a destruir la sociedad capitalista y, por medio de su emancipación como clase, destruir hasta sus cimientos la división social en clases. Para ello, debe tomar el poder político (Revolución política) como medio imprescindible para implementar la medidas necesarias que destruyan paulatinamente las leyes del mercado capitalista (planificación económica de la economía) al tiempo que destierra de la conciencia social las formas atrasadas de la ideología burguesa a través de una continuada lucha ideológica que se da antes, durante y después de la toma del poder político (construcción del Hombre Nuevo). Pero para cumplir con unas mínimas garantías de éxito estas tareas históricas, el proletariado necesita de su constitución como partido político.

Una de las características del proletariado es que su condición de clase es inseparable del concepto de partido político. El proletariado no aparece en la escena histórica con el nacimiento del trabajo asalariado, ni con la industrialización; aparece como producto de un cierto nivel de organización de la clase en torno a reivindicaciones políticas. De esta manera, cuando en 1838 el movimiento cartista promulga su Carta del Pueblo (The People's Charter) las seis peticiones de dicho movimiento (sufragio universal masculino para mayores de 21 años, circunscripciones electorales iguales en tamaño, sufragio secreto, que no fuera necesario ser propietario para ser parlamentario, dieta para los miembros del Parlamento y parlamentos anuales) son peticiones políticas, no simplemente sociales ni económicas.

El surgimiento del proletariado como clase, a través de la centralización de sus luchas en una lucha nacional, y, por tanto, en una lucha de clase, se traduce en el surgimiento del proletariado como partido político ya que, tal y como afirmara K.Marx “toda lucha de clases es una lucha política” puesto que el carácter de esta lucha política se corresponde con un grado de organización de la clase. El Partido Comunista representa un nivel de desarrollo de la organización del proletariado que supera y unifica todas las otras formas organizativas para la lucha de clases del proletariado en torno a un objetivo histórico concreto: la Revolución Comunista. De esta forma, podemos afirmar, que el Partido Comunista representa un nivel de desarrollo organizativo de las organizaciones sociopolíticas del proletariado.

La clase obrera conoce la realidad como tal por medio de su experiencia de lucha a través de sus organizaciones de masas y es a través de esta como se desprende de espejismos ideológicos de todo tipo y adquiere el nivel de experiencia, concienciación, organización y combatividad suficientes para ir unificándose en torno a sus objetivos históricos cristalizando, poco a poco, en lo que históricamente se ha dado en llamar el programa. Así, por ejemplo, el Manifiesto del Partido Comunista fue síntesis teórica y práctica del movimiento obrero de su época y de un desarrollo organizativo de más de 12 años de una organización internacional llamada Liga de los Justos (rebautizada en 1847 como Liga de los Comunistas). Por otra parte, el primer Programa del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) fue el resultado de un desarrollo organizativo que, partiendo de el grupo Emancipación del Trabajo, fundado por Plejánov, Axelrod y Vera Sasulich en 1883, derivó en las Uniones de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera de las que se distinguió la de San Petersburgo por su insistencia en la misión de vincularse más estrechamente con el movimiento obrero de masas y dirigirlo políticamente, por pasar de la propaganda del marxismo entre el número reducido de obreros avanzados, congregados en círculos de propaganda, a la agitación política candente entre las grandes masas de la clase obrera, por ligar estrechamente estos círculos de estudio del marxismo a la lucha real y viva del movimiento obrero en las fabricas y barrios. Fue este trabajo comunista entre las grandes masas lo que terminaría dando lugar al primer programa del POSDR en 1898.

3.3. El Partido Comunista

Hemos visto que la sociedad de clases engendra la lucha de clases y que la lucha de clases es consustancial con la existencia de clase del proletariado. Asimismo, hemos comprobado que el objetivo histórico del proletariado es la abolición de las clases sociales y que, para ello se hace necesaria la toma del poder. Por último, hemos llegado a la conclusión de que, para ello, es necesaria la fusión de la vanguardia del proletariado con las grandes masas de la clase obrera a través de múltiples organismos que aglutinen al conjunto de la clase en el terreno de la lucha de clases. Esto es precisamente el Partido Comunista: la más elevada forma organizativa del proletariado, el Estado Mayor de la revolución proletaria. El Partido Comunista dirige ideológica y políticamente al conjunto de la clase hacia su objetivo histórico a través de sus correas de transmisión: las organizaciones de masas. A través de ellas y por medio de un arduo y continuo trabajo de pedagogía política de los militantes comunistas que militan en ellas, el Partido debe inculcar en las masas el espíritu de disciplina y de organización y la firmeza ejerciendo una dirección política que centralice la dirección de la lucha del proletariado en la dirección correcta. Así, los militantes comunistas en dichos movimientos deben emplear todos los medios de persuasión posibles para que el resto de afiliados a estos acepten voluntariamente la dirección política correcta.

El Partido nace en todos sus sentidos de las masas y para las masas. Se supone que los comunistas no deben formar un grupo aparte del resto de la clase, ni tienen intereses distintos que los separen del conjunto de ella. Los comunistas deben fundir los intereses concretos y más inmediatos de los trabajadores con el objetivo histórico de la clase obrera, con el porvenir de su movimiento, que es el comunismo entendido como sociedad sin clases y sin Estado, fundiendo las luchas puntuales de los movimientos sociales con la lucha política por el comunismo (que no es sólo, ni principalmente, la lucha electoral). En esto consiste la incorporación de la teoría científica del comunismo (el marxismo-leninismo) con los movimientos sociales que surgen espontáneamente y se organizan en sindicatos, asociaciones de vecinos, culturales ecologistas, de solidaridad internacionalista, de estudiantes, de padres de alumnos, etc…Sin embargo, este proceso no debe concebirse de forma mecánica sino dialéctica. No sólo la teoría marxista orienta este movimiento sino que es este mismo movimiento el que enriquece y desarrolla la misma teoría revolucionaria con la experiencia de sus luchas y del desarrollo social, convirtiendo así la teoría abstracta en un conocimiento concreto de la realidad social. El instrumento del que se dotan los movimientos sociales para fundir teoría y práctica es el Partido Comunista.

Al igual que la burguesía requiere de toda una serie de aparatos ideológicos dirigidos por intelectuales burgueses para tomar conciencia de su homogeneidad y de su fuerza, para incorporar a los demás grupos sociales, ejerciendo sobre ellos una función hegemónica, también los trabajadores necesitan de un organismo vivo inextricablemente ligado a los movimientos sociales de forma organizada compuesto de sus propios intelectuales (intelectuales que, evidentemente no se forman en la universidad, sino en las luchas y en la experiencia de organización de los movimientos sociales). Estos intelectuales son esos individuos que sólo se distinguen del resto de los trabajadores en que, por una parte, en las diferentes luchas puntuales de los movimientos sociales, destacan y hacen valer los intereses comunes de todo el proletariado internacional y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.

Una de las muchas enseñanzas que el “desmerengamiento” del Campo Socialista deja a los comunistas es la confirmación de la imposibilidad de construir el Socialismo, de avanzar hacia el Comunismo, sin la participación creadora de las masas. Sólo a través de ella pueden desplegar las masas populares organizadamente su fuerza potencial, conquistar el poder y, sobre todo, mantenerlo en sus manos evitando toda deformación burócratico-burguesa. Sólo con esta participación es posible la socialización de los medios de producción y sólo a través de esta participación pueden ejercer estas un control real sobre ellos.

El Partido Comunista no es un simple partido de carácter parlamentario-electoral. Cuando esto sucede el Partido se disuelve y va degenerando en un partido burgués como otro cualquiera, inservible para la lucha revolucionaria del proletariado, compuesto únicamente por burócratas y chupatintas de todas las calañas, sin autoridad real en la clase obrera, que se ven impotentes para mantener su pequeño chiringuito. El Partido Comunista no puede ser un apéndice de la minoría parlamentaria y un elemento puesto a su servicio. Con semejante partido al frente, no se puede ni hablar de preparar al proletariado para la revolución. Entender al Partido Comunista como creación de una estructura burocrática, sin conexión con los organismos de participación de los trabajadores, sólo puede derivar en la impotencia y, por tanto, en formas de lucha impropias de los comunistas (electoralismo, terrorismo…). Es cierto que, como resultado de la descomposición histórica del Partido Comunista, los movimientos sociales en general están aburguesados, pero a los comunistas lo que nos interesa de ellos es su capacidad de organizar a las masas. Un comunista en un movimiento social ante todo debe hacer pedagogía de la organización y la lucha consciente, desde el nivel que sea. Debe, con su ejemplo y con su capacidad de análisis concreto, hacer ver la necesidad de organizarse y luchar por los intereses de la clase obrera. Es muy difícil pensar en los movimientos sociales como parte del Partido pero difícilmente existirá un Partido Comunista que tenga algo que hacer sin correas de transmisión, sin relación con los movimientos sociales o populares que hayan dado un paso en la reivindicación.

La mejor manera de comenzar un proceso que culmine en la restauración del Partido Comunista como forma superior de organización del proletariado es fomentando el estudio y la aplicación concreta del marxismo-leninismo al tiempo que se desarrolla un trabajo tenaz y constante entre las masas, fortaleciendo e impulsando los movimientos sociales. Y al referirnos a los “movimientos sociales” nos referimos a las distintas expresiones de organización popular de las que pueden valerse los trabajadores y otras masas explotadas para luchar, reivindicar y, sobre todo, organizarse: sindicatos de clase, asambleas de trabajadores, asociaciones de vecinos reivindicativas, organizaciones de solidaridad internacionalista, etc… Evidentemente todas las organizaciones de masas están profundamente imbuidas del espíritu de la pequeña burguesía (incluidos los sindicatos) que es la que, poco a poco, de manera gradual pero en forma constante ha ido acaparando para sus intereses. Es complicado, difícil y duro desarrollar un trabajo militante y consecuente en ellos, pero no hay otra forma de construir Partido en el sentido más leninista del término: elevando la conciencia de la clase trabajadora. El Partido es un instrumento que tiene una relación dialéctica con las masas. No sólo crea y fortalece al movimiento de masas sino que el mismo se crea y se fortalece en contacto con ellas. Son los comunistas los que tienen una visión global, pero para ello no pueden desarrollar su militancia en una sede o en un despacho. Deben estar, ante todo, donde haya un núcleo organizado de personas para trasladar su visión, su ejemplo, y para aprender de ellos. Así, al actuar como intelectual colectivo, dando coherencia a la multiplicidad y diversidad de los movimientos sociales con un contenido de clase, los comunistas van construyendo Partido y, con ello, están contribuyendo al proceso revolucionario.

3.4. La dictadura del proletariado

El objetivo histórico del proletariado es la toma revolucionaria del poder con el objetivo de destruir el Estado burgués y comenzar el proceso de construcción del socialismo, como fase inferior del comunismo. La dictadura del proletariado y el papel dirigente del Partido Comunista son la condición decisiva de la edificación de esta sociedad socialista. La dictadura del proletariado surge como resultado de la revolución socialista triunfante de la destrucción sistemática de la máquina estatal burguesa y constituye un tipo cualitativamente nuevo de organización estatal, tanto por su naturaleza de clase como por sus formas como por el papel que está llamado a desempeñar. Todas las formas de Estado anteriores fueron el instrumento de clases explotadoras, de represión contra los trabajadores. La dictadura del proletariado es el poder de la clase obrera, que en unión con todos los trabajadores, derroca al capitalismo y crea una sociedad nueva: el socialismo, fase inferior del comunismo.

Si algo nos enseña la experiencia histórica y el desmoronamiento del Campo Socialista euro-soviético es que la lucha de clases no cesa en el socialismo. La dictadura del proletariado es necesaria para vencer no sólo la resistencia de las clases explotadoras derrocadas, sino también los sucesivos y continuos intentos de restauración capitalista. Esta es su principal función y esta función significa la violencia para los explotadores y la democracia para los explotados. El proletariado sólo puede vencer la resistencia de las clases explotadoras, mantener el poder y llevar a cabo la edificación del comunismo únicamente a base de una sólida alianza con el apoyo de las grandes masas del pueblo y es la dictadura del proletariado el sistema de organizaciones estatales y sociales, cuyo centro es constituido por el Partido Comunista, quien dirige la edificación del comunismo. Esta es la razón por la que, para los marxista-leninistas, es tan importante la creación de Poder Popular desde mucho antes de la toma del poder: porque estos son el embrión de la dictadura del proletariado y, fortaleciendo estos movimientos sociales desde un criterio de clase estamos haciendo desde ahora mismo la revolución. Son los vínculos que el partido haya sido capaz de formar durante la lucha contra el capitalismo, los que se desarrollarán hasta conseguir esta unidad del partido y las masas. Sólo esa unidad garantizará el éxito de la edificación de la sociedad comunista.

Ahora bien, si no queremos caer en el infantilismo dogmático, debemos advertir siempre que las formas concretas de dictadura del proletariado varían en función de las condiciones históricas y políticas concretas en uno u otro país. Estas diferencias pueden incluir el pluripartidismo, la utilización de las formas parlamentarias tradicionales o la existencia de un frente unido de diferentes fuerzas populares, pero no cambian su esencia: la dictadura de los oprimidos sobre los opresores ejercida a través de todo un sistema de participación de las masas.

4.La cuestión nacional en Andalucía

4.1. Los comunistas y la cuestión nacional

La soberanía es la independencia completa de una nación para decidir en todas las cuestiones que afecten a su vida interna y a sus relaciones exteriores. Es, pues, soberana la nación que ejerce por si misma en su territorio el poder supremo, sin que nada ni nadie pueda desde fuera limitar su libertad de acción. La soberanía es como una muralla bajo cuya protección los pueblos pueden impulsar la economía y la cultura y entrar en relaciones voluntarias e iguales con otros pueblos.

La tendencia del capitalismo es “resolver” el problema nacional aplastando a los pueblos sin Estado, estimulando el odio y los conflictos y reprimiendo brutalmente todo movimiento de liberación nacional. Mientras que en la época en la que aún era revolucionaria en su lucha contra el feudalismo, la burguesía proclamaba el derecho de los pueblos a la independencia nacional, ahora, en el ocaso del capitalismo, se convierte en verdugo de las naciones y en el peor enemigo de la libertad de los pueblos. Como bien decía Lenin, “el capitalismo, que era liberador de las naciones durante la lucha contra el feudalismo, al convertirse en imperialista se ha transformado en el más grande opresor de aquellas”.

Para la parte más consciente del proletariado figuran siempre en primer lugar los intereses de la lucha por el socialismo, pero esto no significa, sin embargo, que le sean indiferentes las aspiraciones nacionales de las masas y no le importe la cuestión nacional en uno u otro país. El proletariado está interesado en acabar con la opresión nacional porque esta opresión recae siempre y ante todo sobre los trabajadores, frena su desarrollo ideológico y retarda su incorporación a la lucha de clases. “… Nada detiene tanto el desarrollo y consolidación de la solidaridad proletaria de clase como la injusticia nacional…” señalaba Lenin. El marxismo-leninismo siempre se ha mostrado enemigo decidido de la opresión nacional cualquiera que fuese su forma, y luchó enérgicamente por la libertad y la autodeterminación de las naciones. Por eso, los partidos marxistas deben apoyar enérgicamente la lucha por la liberación nacional.

Frente a esta posición de los comunistas, la burguesía y sus lacayos revisionistas tratan de hacer creer a los obreros sin conciencia de clase que la continuación de la opresión nacional les favorece. La lucha de las naciones sin Estado por su soberanía es mantenida bajo la bandera del nacionalismo. Y escudándose en ello, los servidores del imperialismo afirman calumniosamente que los comunistas se guían por meras consideraciones tácticas cuando apoyan la lucha por la liberación nacional; siendo como son internacionalistas, dicen, los comunistas no pueden simpatizar con las aspiraciones nacionales de los pueblos sin Estado. El marxismo-leninismo enfoca el nacionalismo como todos los fenómenos de la vida social, con un criterio histórico concreto ya que sería de una tremenda miopía plantear de forma abstracta el problema. Sobre todo en lo que se refiere a mezclar el nacionalismo de la nación opresora y el de la nación oprimida. Una cosa son Estados opresores como el Reino Unido, Francia, etc. donde el nacionalismo se ha convertido en bandera de exclusivismo nacional, de la soberbia racista, del chovinismo militante. Está puesto al servicio de la burguesía monopolista para justificar la esclavización de otras naciones y otra cosa muy distinta es el nacionalismo de los pueblos oprimidos. En este nacionalismo, de ordinario, encuentra reflejo el sano espíritu democrático de los movimientos de liberación nacional, la protesta de las masas contra la opresión nacional, las ansias de independencia nacional y de transformaciones sociales. A esto se refería Lenin cuando escribió: “En cada nacionalismo burgués de la nación oprimida hay un contenido democrático general contra la opresión, y este contenido tiene nuestro apoyo incondicional…”. Este es el nacionalismo que apoyan los marxista-leninistas, sin separarse ni un ápice de los principios del internacionalismo proletario.

Ahora bien, los comunistas apoyan el nacionalismo sólo en la medida y hasta tanto sirve a la causa de la libertad nacional, al despertar del sentimiento de dignidad personal que tanto humillaron en unas masas de las que se burlaron sus opresores. Cualquier intento de aprovechar el nacionalismo con fines reaccionarios, como instrumento del egoísmo nacional, para someter a otros pueblos, o para luchar contra las justas reivindicaciones de las masas populares, no puede tener la simpatía de los comunistas.

4.2. La lucha por la soberanía nacional

La lucha por la soberanía nacional es una de las formas del movimiento democrático. Por eso, los comunistas defienden siempre el derecho de las naciones a su independencia y luchan contra toda forma de opresión nacional. El marxismo-leninismo se atiene al principio de que el respeto a las demás naciones es la premisa para la existencia de relaciones amistosas entre los pueblos. F. Engels escribía que “para asegurar la paz internacional, lo primero que se necesita es eliminar, en la medida de los posible, las fricciones nacionales; cada pueblo ha de ser independiente y dueño de su propio país”. También en el prefacio a la segunda edición polaca del Manifiesto del Partido Comunista, escrito en 1892, subraya de nuevo que “la sincera colaboración internacional de los pueblos europeos es sólo posible a condición de que cada uno de estos pueblos sea dueño absoluto en su propia casa”. La defensa de la libertad de las naciones de su independencia y de sus caracteres específicos, es manifestación del patriotismo del proletariado, que representa el polo opuesto del chovinismo burgués. El patriotismo proletario es producto, sobre todo, del sentimiento de orgullo por la aportación que su pueblo ha hecho a la lucha de las masas explotadas y oprimidas para liberarse de la explotación y la opresión: es profundamente progresista y revolucionario. Los propagandistas de la burguesía reaccionaria y sus lacayos se empeñan en desacreditar el patriotismo de los comunistas remitiéndose a veces al lugar del Manifiesto del Partido Comunista en que se dice que “los obreros no tienen patria”. Es, sin embargo, de una evidencia absoluta que esto no significa la negación de la patria; lo único que afirma es que, en la sociedad gobernada por los capitalistas, la patria ha sido usurpada de hecho por los explotadores y que para la clase obrera no es una buena madre, sino una mala madrastra. Cuando la clase obrera pone fin a la dominación de los explotadores, crea las condiciones mejores para la manifestación más completa de patriotismo, del que es genuino portador en la época contemporánea. Lenin escribía en 1908: “La patria, es decir, el medio político, cultural y social dado, es el factor más poderoso en la lucha de clase del proletariado… El proletariado no puede mirar con indiferencia las condiciones políticas, sociales y culturales de su lucha; por consiguiente, tampoco puede mostrar indiferencia por la suerte de su país”. Precisamente, es en relación con la actitud del proletariado hacia la patria escribió Lenin su conocida observación contra una visión dogmática del marxismo:

“Todo el espíritu del marxismo, todo su sistema exige que cada proposición sea examinada α) sólo históricamente; β) sólo en relación con otras proposiciones; γ) sólo en relación con la experiencia concreta de la historia”.

Aplicado al patriotismo, esto significa que para el proletariado no e suficiente el planteamiento abstracto del problema relativo a la defensa de la patria. Lo que en primer término le interesa es qué situación histórica, qué clase y con qué objetivo proclama la necesidad de defender a la patria. Una cosa es la situación producida por la guerra imperialista, cuando esta consigna es manejada por la burguesía para engañar a las masas y encubrir las verdaderas razones que mueven a los magnates imperialistas. Otra cosa es la situación a que se llega cuando se lucha por la independencia y la libertad de un país oprimido, cuando esta consigna es el grito de guerra de un movimiento de liberación nacional. En este último caso, los comunistas deben ser los primeros en levantarse para defender la libertad de su país, su soberanía y su independencia. En estas condiciones, la defensa de la patria no es una frase vacía, sino una tarea histórica al cumplimiento de la cual les llaman sus intereses de clase.

4.3. Los orígenes de la opresión nacional en Andalucía

De modo general, podemos considerar que la opresión moderna sobre Andalucía comienza con la consolidación en el Estado español del modo de producción capitalista, no es que antes no existiera tal opresión, pero visto desde el punto de vista actual, la Andalucía de hoy, del siglo XXI, es moldeada definitivamente en esos momentos. La implantación de este nuevo modo de producción llevaría consigo no sólo una división social del trabajo, sino también territorial. Andalucía se sumergió en la dependencia, el subdesarrollo y la opresión porque así convenía a los intereses de clase de la gran oligarquía española, y dentro de ella, a la grandes terratenientes andaluces.

Frente a determinados análisis mecanicistas y pretendidamente ortodoxos, expansión del capitalismo no significa desarrollo económico y Andalucía es buena muestra de ello. Andalucía no fue marginada sino sino incluída, con un papel determinado subordinado, en el proceso de desarrollo del capitalismo en el Estado español. Hasta mediados del siglo XIX, Andalucía se encontraba en una excelente posición para haberse convertido en uno de las naciones más prosperas del Estado español a partir del desarrollo del capitalismo, además de la riqueza agrícola, ganadera y pesquera, Andalucía arrojaba unos índices relativamente aceptables de industrialización para la época, la primera siderúrgica que se crea en el Estado español es la de Marbella, en 1826, que aprovechaba el hierro de Sierra Blanca, pero incluso, más adentrado el siglo XIX, en 1869, en el El Pedroso (Sierra Norte sevillana) existían tres altos hornos que daban ocupación a casi quinientos obreros. Pero la gran burguesía terrateniente andaluza siempre estuvo interesada en mantener a Andalucía en el subdesarrollo y la dependencia, en esas circunstancias basaba su poder, aliándose a otros sectores de la gran burguesía española, principalmente de Cataluña y el País Vasco, en definitiva, la gran burguesía terrateniente eliminó el desarrollo industrial andaluz porque así le convenía a la hora de establecer sus alianzas, conservando a su vez una posición dominante en el conjunto de las burguesías españolas, como así lo demostró manejando el aparato del Estado a través de muchos ministros ligados de diferente manera a ella, la mayoría de ellos, andaluces.

Durante los años 70 del pasado siglo XX, comienza el estudio de una forma científica y rigurosa del hecho nacional andaluz. Pronto surgirá la polémica sobre el origen de la opresión nacional de Andalucía, articulándose dos teorías al respecto: 1ª) Andalucía como nación periférica oprimida, consecuencia del desarrollo desigual del capitalismo, y la 2ª) Andalucía como hecho colonial (“colonia interna” se matizará), donde el modo de producción capitalista apenas se ha desarrollado, Andalucía sería un país de “capitalismo ascensional”.

De la primera teoría deducirán estos partidos que la liberación nacional de Andalucía dependerá del triunfo a nivel de Estado español de la revolución socialista, quedando el movimiento de liberación nacional andaluz absolutamente dependiente de una táctica y una estrategia estatal española, sin vida propia y sin necesidades específicas que cubrir. De la segunda teoría habrá quien deducirá que todos los males de Andalucía son externos, negando una relación dialéctica entre elementos externos e internos; solo existirá la oligarquía española, sin su componente andaluz, y sus relaciones aunque tensas y tirantes con las burguesías nacionalistas vasca y catalana, no existirá la burguesía andaluza, ya que para algunos defensores de esta teoría los terratenientes al ser, en determinados casos, descendientes de la nobleza conquistadora castellana no pueden ser considerados como “auténticos” andaluces. Eso explicará la obsesión casi malsana que corroe a determinados sectores del nacionalismo andaluz en contra del nacionalismo catalán o vasco.

4.4. Breve balance del movimiento nacional andaluz

La identidad andaluza está claramente singularizada, e históricamente ha servido como base, justificación y marco territorial de distintos movimientos políticos.

Podemos distinguir, en principio, cinco fases. Las dos primeras no se pueden considerar correctamente como “nacionales”, la tercera tampoco, aunque si “prenacional”, en cambio la cuarta y la quinta sí.

Primera fase. Inicio de la conquista cristiano-castellana del Al-Andalus bético (1212), hasta la caída del Reino Nazarí granadino (1492).

Se caracteriza esta fase por la decadencia política y militar, aunque no en otros aspectos, de Al-Andalus, sometido a una doble presión, tanto del norte peninsular ibérico (reinos cristianos, especialmente Castilla), como del sur, del Magreb (almohades y almorávides, actual Marruecos y Mauritania). Las clases dirigentes andalusíes pagarán bien caro su desunión, sus rivalidades internas y su pasividad. Buen ejemplo de ello fue la amarga existencia del propio Reino de Granada: un estado vasallo, humillado por los reyes castellanos.

Segunda fase. Abarcaría del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII.

Serán muchos los acontecimientos que sacudirán Andalucía durante este periodo, fundamental en la formación identitaria de Andalucía:

· Las luchas de resistencia de los moriscos andaluces, sobre todo en la Andalucía oriental, además de las luchas anti-feudales, que ya venían protagonizando desde el siglo anterior los repobladores, sobre todo en la Baja Andalucía. Comienza también el proceso de asimilación cultural de los moriscos andaluces; ni que decir tiene, con los datos que hoy disponemos, que tal proceso fue bastante superficial en muchos casos y no llegó a triunfar del todo, como también fracasó, en parte, las “expulsiones masivas” de moriscos andaluces.

· Descubrimiento de América y florecimiento comercial de la Andalucía atlántica (Sevilla y Cádiz).

· Intento de independizar Andalucía por parte del Duque de Medina- Sidonia en connivencia con el morisco Tair Al-Horr durante el reinado de Felipe IV. El intento sería abortado por el Conde-Duque de Olivares.

· Durante esta época destacarán numerosos artistas andaluces tanto en la pintura, escultura, como en la literatura en lengua castellana.

· En estos siglos se irán desarrollando tanto el “hecho lingüístico andaluz” como el flamenco, en sus diferentes variantes.

Tercera fase. De 1835 (Junta Soberana de Andujar) a 1883 (Constitución andaluza de Antequera). Es la fase del movimiento republicano federalista andaluz.

Como apunta Antonio Zoido: “(...) en cuanto aquellos territorios del Estado que habían tenido en siglos anteriores una vida propia, comenzaron a reclamar la libertad al calor de las conquistas de la revolución industrial, Andalucía exigió también, desde el primer momento, ese derecho a la existencia, sacando la voz de no se sabe dónde, como una prueba más de que, a pesar de todo seguía existiendo (...) en 1883, se plasmaba el primer proyecto de Estatuto de Autonomía, la Constitución de Antequera, como fruto de las corrientes antiabsolutistas, siempre vivas en Andalucía y que identificaban la caída del antiguo régimen con el paso a un estado federal puro, o sea, construido mediante pactos entre iguales”

El movimiento de 1835 conocido como Junta Soberana de Andujar (por ser esta localidad de la provincia de Jaén donde se encontró la “junta central andaluza”) fue un movimiento que aglutinó a las actuales ocho provincias de Andalucía entorno a una serie de reivindicaciones burguesas y antifeudales. Fue el inicio, el punto de partida de lo que años más tarde se conocerá como el movimiento republicano federal andaluz, cuya máxima expresión fue la citada Constitución de Antequera de 1883, concebida como un pacto federal soberano de Andalucía.

El movimiento federal andaluz coincidirá en el tiempo con el ascenso de la gran burguesía terrateniente andaluza y con los reiterados fracasos de la burguesía no terrateniente andaluza, en especial la industrial, además de con la acción expoliadora y dañina del capitalismo británico en Andalucía. Podemos hacer el siguiente resumen del movimiento republicano federal andaluz:

· Clase/s dirigente/s: burguesía no terrateniente y pequeña-burguesía, intentando apoyarse, fundamentalmente, en la clase obrera del campo, los jornaleros.

· Influencias ideológicas: teorías federalistas del catalán Pi y Margall, y también del anarquista Proudhon, y del anarquismo en general debido a sus concepciones federalistas y confederalistas.

· Personajes destacados: Francisco María Tubino, Pérez del Álamo, Angulo, y en un primer momento el gaditano Fermín Salvochea, que más tarde ingresaría en las filas del anarquismo andaluz, siendo considerado junto a Sánchez Rosas y a Pedro Vallina como uno de los “apóstoles del anarquismo andaluz”.

· Objetivo/s: consecución de una República Federal, en la cual Andalucía pacte de igual a igual su soberanía. Mientras, el anarquismo se extenderá como la pólvora por toda la geografía andaluza, no solo el campo, protagonizando numerosas insurrecciones que sacudirán periódicamente Andalucía hasta casi la Guerra Civil, la más importante de ellas la de Casa Viejas en 1933. También será importante en Andalucía el desarrollo del anarcosindicalismo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que tendrá, hasta la Guerra Civil, en Andalucía uno de sus principales bastiones junto a Catalunya.

Cuarta fase. El andalucismo, que irá desde los inicios del siglo XX hasta 1936, comienzo de la Guerra Civil española.

Es imposible comprender esta fase sin un personaje clave: Blas Infante, considerado como el “Padre de la Patria Andaluza”. Él, sin duda, su obra y acción, determinarán este periodo.

La burguesía terrateniente andaluza se encumbra en lo más alto, dominando al resto de las demás burguesías peninsulares. Aunque con la proclamación el 14 de abril de 1931 de la II República conocerá algunas dificultades que se agravarán con el triunfo electoral en enero de 1936 del Frente Popular.

A principios del siglo XX comenzará un interés, aunque algo vano y superficial, por la cultura y señas de identidad andaluzas, cuya máxima expresión serán los “Juegos Florales” organizados por el Ateneo de Sevilla, destacando las figuras de Méndez Bejarano y Antonio Machado Álvarez “Demófilo”.

A pesar de su protagonismo indiscutible, no resulta fácil resumir el pensamiento de Blas Infante, su carácter contradictorio e idealista lo impide en muchas ocasiones, y es que Infante no es más que hijo de una época, de unas circunstancias, y un lugar determinado.

De todos modos podemos dar unas pinceladas al respecto, tanto de Infante como del movimiento andalucista en general:

· Su carácter de clase será pequeño-burgués, aunque muy radicalizado a la izquierda, acentuándose la influencia anarquista.

· Vinculación de lo nacional y lo social, especialmente del problema andaluz por excelencia: el de la posesión de la tierra. La liberación de Andalucía ha de suponer necesariamente la redención del jornalero, su liberación.

· Comienzo de un serio interés por la cultura y los rasgos identitarios de Andalucía. Aproximación de Infante a la civilización andalusí.

· Huída de los esquemas del nacionalismo burgués clásico europeo. Al destacarse lo “oriental”, lo andalusí, lo africano, en lo andaluz se buscará una formulación diferente alejada de los esquemas europeos. Infante identificará a Europa con “barbarie y feudalismo”.

· Desconfianza en los partidos políticos. El movimiento andalucista se articulará a través de las denominadas Juntas Liberalistas (referidas a liberación y no a liberalismo). No habrá relación jerárquica en el movimiento, nucleado en torno a los Centros Andaluces, dispersos por la geografía andaluza.

Los aspectos positivos de Infante y del movimiento andalucista saltan a la vista, destacando el de la creación de una conciencia nacional andaluza popular, vinculada a los problemas sociales, y solidaria.

El movimiento e Infante se mantuvieron en el federalismo heredado de la fase anterior, de la Constitución de Antequera, luchando durante la II República por el reconocimiento de un Estado Autónomo Andaluz dentro de una República de carácter federal (algo así como los “Estados Unidos de España o Iberia”, como el propio Infante sugeriría), aunque también es cierto que Infante tuvo algún que otro arrebato independentista, que generalmente se suele ocultar.

Entre sus aspectos negativos encontramos, como hemos señalado antes, su carácter contradictorio e idealista, lo que llevó a que Infante y el movimiento no formularan sus planteamientos con una mayor claridad. La aversión personal de Infante hacia los partidos también, mirado desde hoy, tuvo sus consecuencias negativas, su entrega se debería haber traducido en la creación de una organización política andaluza con un programa claro que ofrecer al Pueblo Andaluz, aún sabiendo de las muchísimas dificultades que esta organización hubiera encontrado en la Andalucía de la época.

Quinta fase. Nuevo nacionalismo. Iría de principios de los años 70 del pasado siglo XX hasta prácticamente la actualidad.

Con el concepto de “nuevo nacionalismo” no se pretende enumerar las características de tal o cual partido u organización determinada. Muchos de los rasgos del “nuevo nacionalismo” son compartidos por varios partidos y organizaciones, algunos incluso hoy desaparecidos (la mayoría).

El “nuevo nacionalismo” nacerá con el comienzo del fin del régimen fascista militar de Francisco Franco y su sustitución por una “democracia burguesa” sui generis. Con el desarrollo del capitalismo monopolista de estado en el franquismo se echarán las bases para la creación del Estado imperialista español “moderno”, ingresando en la OTAN, y en la CEE, hoy Unión Europea. Por primera vez en la historia el movimiento nacional andaluz se convierte, en el periodo que va del 4 de Diciembre de 1977 al 28 de Febrero de 1980, en un auténtico movimiento popular de masas, que por diversos motivos acabará desarticulándose con la Constitución española de 1978 y con el Estatuto de Autonomía andaluz de 1981.

Características:

· A la pequeña-burguesía se incorporará activamente el movimiento obrero del campo y la ciudad, además de mujeres y jóvenes.

· Planteamiento de Andalucía como nación y del derecho a la autodeterminación, y en algunos casos, a la independencia de Andalucía.

· El marxismo, en sus diferentes variantes y algo vulgarizado, desplazará como influencia ideológica al anarquismo, que perderá bastante de la influencia que antaño ejerciera.

· Influencias tanto de nacionalismos populares de izquierdas de otros pueblos del Estado español, como de movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo.

· Conexión del movimiento nacional andaluz con los diversos movimientos sociales y populares: ecologistas, antimilitaristas, mujer, liberación sexual, etc.

· Inquietud por Andalucía, multiplicándose los estudios políticos, económicos, sociales y culturales sobre Andalucía.

· Recreación-idealización en algunos sectores del movimiento nacional andaluz del periodo andalusí.

5. Andalucía Comunista

Los objetivos de ANDALUCÍA COMUNISTA son claros, somos un Partido Comunista en un país oprimido: Andalucía. Por tanto, luchamos por el ejercicio del derecho a la autodeterminación de Andalucía y la consecución de la soberanía nacional que nos corresponde, y por la construcción de una sociedad socialista que nos conduzca al comunismo, a la sociedad sin clases, pasar, en definitiva, del reino de la necesidad al reino de la libertad, en la que todos los seres humanos puedan desarrollarse libre, solidaria, y armónicamente. Como comunistas, somos internacionalistas, no luchamos solamente porque esos objetivos se cumplan en nuestro país andaluz, sino que aspiramos desde nuestra lucha en nuestro marco nacional a que todos los pueblos oprimidos se liberen y a que toda la humanidad trabajadora rompa sus cadenas luchando por el socialismo y el comunismo.

El principio de aplicar los principios. Parafraseando el discurso del camarada Fidel en 1982 a la militancia de la UJC, hay que aplicar el principio de aplicar los principios, esto quiere decir que nuestra acción política tiene que reflejar nuestros principios marxista-leninista y de liberación nacional de Andalucía (andalucista), pero no sólo lo ha de reflejar, sino que se ha de someter a esos principios.

La flexibilidad en las formas. La fortaleza y el tener presentes nuestros principios en todo nuestro accionar político nunca puede ir en detrimento de adoptar las formas y las maneras más adecuada a cada circunstancia, se trata, ni más ni menos, de la relación siempre dialéctica entre forma y contenido. Un discurso político únicamente basado en repetir nuestros principios y nuestros objetivos estratégicos se acaba convirtiendo en un discurso autosuficiente, que se basta a sí mismo, y por tanto inaccesible a las masas y desconectado de la realidad. Como antes se ha explicado, el continuo análisis de nuestra realidad nos ha de posibilitar el adaptarnos a las circunstancias para así poder llegar a la clase obrera y al conjunto progresista y combativo de nuestro pueblo andaluz.

El no sectarismo. El gran marxista búlgaro Gyorgy Luckács afirmó que “En cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere exclusivamente al método”, así pues aunque como comunistas poseamos el mejor método científico de aprehender la realidad social, eso no nos libra de cometer errores, no nos preserva, en definitiva, de una utilización indebida del mismo. No buscamos hacer de nuestro Partido un grupo exclusivo de militantes que nunca se equivocan (una secta), que siempre poseen la verdad al margen de las circunstancia, y que se basta a sí misma para conducir al Pueblo Trabajador Andaluz hacia la liberación nacional y el socialismo. ANDALUCÍA COMUNISTA tiene que demostrar en todo momento su disposición a trabajar conjuntamente con todas aquellas organizaciones que luchan por la liberación nacional y social de Andalucía, sin estrecheces ni egoísmos partidarios, priorizando lo que nos une y discutiendo adecuada y pausadamente lo que nos separa. Por supuesto, el no sectarismo ha de estar presente en nuestras luchas parciales en los diferentes frentes de lucha.

El trabajo con y entre las masas, nuestra seña de identidad. Como una organización pequeña y débil, ANDALUCÍA COMUNISTA se ha de hacer un hueco como propuesta política ante la clase obrera y el Pueblo Trabajador Andaluz, algo que solamente se podrá conseguir con un trabajo humilde, sostenido en el tiempo, y paciente en el movimiento obrero y popular andaluz. No hay soluciones mágicas, todo lo que no sea trabajo sistemático es utopía y falsas ilusiones. ANDALUCÍA COMUNISTA es una organización de la clase obrera y de los sectores populares trabajadores explotados de Andalucía (del Pueblo Trabajador Andaluz), estamos a su servicio y no al revés, somos un instrumento para su emancipación nacional y de clase, es así como se nos tiene que percibir.

5.1 Por el fortalecimiento de los movimientos sociales reivindicativos

La actuación política de una pequeña y modesta organización política como es la nuestra debe tener muy presente no sólo sus propias limitaciones de tipo organizativo y económico sino también la realidad subjetiva de las masas. A este respecto, y si no queremos engañarnos a nosotros mismos debemos partir de que la situación no es buena. 30 años de desmovilización constante provocada por el revisionismo y por la cultura basura del consumismo y el individualismo han terminado por dañar gravemente la conciencia de clase del proletariado andaluz y de todo el Pueblo Trabajador Andaluz en su conjunto.

Por eso, partimos de nuestra realidad y la realidad de la sociedad andaluza actual y nos proponemos muy modestamente comenzar un proceso de movilización social continuado para, partiendo de reivindicaciones muy concretas y, a primera vista, muy poco “revolucionarias” ir concienciando, ir creando organización desde la base y, con ello, acumulando fuerzas de nuestra clase y del resto de clases trabajadoras.

Nos planteamos como objetivo político la recuperación de la soberanía nacional para nuestro pueblo pero eso, de momento, está aún muy lejano si no somos capaces de ir creando ese poder popular que vaya sustituyendo al poder estatal de las oligarquías españolas. Esto es lo que tiene de revolucionario las reivindicaciones sociales, las “reformas”. Una medida en si no es nada si no ha sido capaz de fortalecer una organización de base (Comités de Empresa, Secciones Sindicales del SAT, Asociaciones de Vecinos, Sindicato Andaluz de Estudiantes, OSCA…) ya que cada vez que conseguimos aumentar el grado de articulación social desde nuestros criterios marxista-leninistas estamos haciendo revolución. Porque la revolución no es un acto aislado de un día en el que, de forma mágica las masas se iluminan y salen a la calle enarbolando banderas rojas y verdiblancas con la intención de tomar el poder. La revolución en un proceso ininterrumpido que tampoco se acaba con la instauración formal del nuevo poder sino que continúa hasta la muy lejana construcción del Comunismo como sociedad sin clases y sin Estado.

Por eso, sabedores de nuestras limitaciones pero también de nuestras potencialidades planteamos que los militantes del Partido promuevan y orientenlos distintos movimientos sociales siempre desde el debate y el método democrático y no desde la imposición, planteándolo como un militante más de la organización o colectivo que sea.

5.2. El Bloque Nacional-Popular Andaluz

En todos los años de gestión por parte del PSOE-A de la Comunidad Autónoma de Andalucía y de su principal institución: la Junta de Andalucía, se ha conseguido destrozar en mil pedazos todo el movimiento popular andalucista que se originó entre el periodo 1977-1983, todo un movimiento contestatario, amplio, con diferentes referentes políticos, de izquierdas, comprometido con las clases más desfavorecidas, y sobre todo, popular, que planteaba un autogobierno andaluz entendido de diferente manera según el referente político del que hablásemos. Durante estos años de gestión, el PSOE-A se ha limitado a aplicar en Andalucía las políticas económicas, sociales y culturales dictadas por el gran capital, si bien las situaciones de miseria y pobreza más acuciantes que padecía Andalucía se han mermado, ha bastado el estallido de una crisis mundial para poner de relieve en Andalucía de nuevo problemas de miseria y pobreza que se creían desaparecidos. En definitiva, el PSOE-A no ha hecho más que consolidar una Andalucía dependiente y marginada, es decir, como lo llaman algunos economistas el desarrollo del subdesarrollo. Pero no sólo tenemos que entender la dependencia y la marginación en términos económicos o sociales, sino también culturales.

Actualmente, el Pueblo Trabajador Andaluz y la clase obrera se encuentran políticamente desarmado, sin saber a quién ni a dónde mirar, atrapado por la izquierda reformista que para lo único que está quedando es para acudir como las palomas a las miguitas de pan que le caen del PSOE-A con el fin de mantener su estructura burocrática, el sindicalismo oficial vendido al capital, y un andalucismo reformista corrupto y sin principios. La bancarrota del reformismo de izquierdas y andalucista nunca ha estado tan patente como ahora, sin embargo, la izquierda revolucionaria, sea o no andalucista, está igualmente demostrando una tremenda incapacidad de dar alternativas a un pueblo y una clase obrera, que si bien están alienados y contaminados como nunca antes por los valores decadentes del imperialismo (entre ellos el chovinismo españolista), están viendo como sus condiciones de trabajo y vida van de mal en peor.

Sin embargo, en Andalucía existen múltiples resistencias atomizadas, localistas, aisladas, y dispersas. Durante estos 30 años, no sólo nos encontramos con organizaciones políticas y sindicales que han sabido resistir los cantos de sirena que llegaban desde Madrid, Sevilla, Bruselas o quién sabe si de Washington, el resurgir del movimiento ecologista en Andalucía, el movimiento antifascista, diversas asociaciones en defensa de la cultura y señas de identidad andaluza, determinadas asociaciones de vecinos, el movimiento de solidaridad internacionalista, contra la guerra imperialista, etc. A veces cometemos el error de no valorar lo que actualmente existe después de todo lo sucedido en estos 30 años en Andalucía, tendemos a subestimarlo y a veces hasta a despreciarlo, sin embargo, esta visión no deja de ser errónea por no entender al movimiento en su devenir histórico, y sobre todo, por confundir deseos con realidades. Un análisis pausado y sosegado de comparación del movimiento obrero y popular andaluz con el movimiento existente en otros lugares del Estado español nos arrojaría que, exceptuando Euskal Herria y Catalunya, la situación del movimiento en Andalucía no es mucho peor de la que existe en otros lugares, y comparado con determinados casos es hasta mucho mejor. Por tanto, debemos desterrar de nuestra acción política todo atisbo de pesimismo y, por supuesto, de optimismo, en definitiva de subjetivismo ciego y paralizante.

Es en estas circunstancias donde se debe insertar la acción política de ANDALUCÍA COMUNISTA siendo por tanto nuestro objetivo táctico-estratégico en este periodo el de una paciente acumulación de fuerzas obreras y populares con el fin de dar a luz fundamentalmente un referente político unido, obrero, popular, y defensor de los derechos nacionales y la soberanía andaluza, un auténtico frente popular para la liberación de Andalucía y la construcción de una sociedad socialista. Pero no sólo eso, igualmente es objetivo táctico-estratégico de este periodo el dar a luz referentes sectoriales para la clase obrera y nuestro pueblo: sindical, solidaridad internacionalista, ecologismo, movimiento vecinal, mujer, cultura andaluza, etc. En este periodo, nos tenemos que caracterizar por nuestra paciencia (que por supuesto tendrá sus límites, ser pacientes no es sinónimo de ser estúpidos), disposición al trabajo, humildad, y análisis continuo de la realidad. Frente al resto de organizaciones políticas y movimientos populares ANDALUCÍA COMUNISTA ha de conseguir un prestigio que sólo y únicamente puede venir de nuestro trabajo, esa deberá ser nuestra acreditación a la hora de nuestra política de alianzas.

Como bien sabemos, hablar de política es hablar necesariamente de alianzas, y el campo revolucionario andalucista es el espacio natural donde tejer nuestras alianzas estratégicas. Sin embargo, este campo se encuentra fuertemente dividido aquejado de problemas de sectarismo, desconfianzas, ultravanguardismo, contradicciones no resueltas, etc. De la confluencia de estas fuerzas debe surgir un Frente unido de la izquierda andalucista, un Bloque Nacional-Popular Andaluz que articule la reconstrucción nacional de Andalucía como proceso de acumulación de fuerzas del Pueblo Trabajador Andaluz.

Este Bloque Nacional-Popular Andaluz debe tener una clara vocación de gestionar el poder en función de esta estrategia de reconstrucción nacional, participando en las elecciones y dinamizando la lucha de masas. Entendiendo de de forma dialéctica ambos aspectos, apoyando desde las instituciones la movilización popular y traduciendo en poder institucional nuestra capacidad movilizadora entre las masas, es como podremos superar la actual situación de la izquierda andalucista de atomización y falta de incidencia política y social.

6. Programa para la Reconstrucción Nacional de Andalucía

Hemos visto la necesidad de articular un proceso de Reconstrucción Nacional, como proceso de acumulación de fuerzas que nos lleve en primer lugar a la creación de un Poder Popular que pueda imponer el respeto a la soberanía del Pueblo Trabajador Andaluz

Esta Reconstrucción Nacional debe ser el principal impulso de un proceso democrático que debe incluir como medidas esenciales:

1.-Derogación de la Ley de Partidos

2.-Liberación de los presos políticos.

3.-Disolución de la Audiencia Nacional.

4.-Plena actividad para las organizaciones políticas y sociales ilegalizadas por la Audiencia Nacional.

5.-Marco andaluz de relaciones laborales.

El objetivo de ANDALUCÍA COMUNISTA es que, tras comenzar este proceso político democrático, el Pueblo Trabajador Andaluz lo lidere y lo haga culminar con la proclamación de una República Andaluza, libre y soberana.

6.1. Organización territorial y medidas políticas

  1. Proclamación de la República Andaluza, con capital en Antequera.

  2. Reconocimiento del 4 de diciembre como Día Nacional de Andalucía.

  3. Comarcalización de Andalucía, disolución de las Diputaciones Provinciales.

  4. Prohibición, disolución y desarme de todas las organizaciones fascistas y ultraderechistas.

  5. Los cargos públicos recibirán una retribución que como máximo se corresponderá con el salario medio de un trabajador asalariado.

  6. Plan de Austeridad del Estado Andaluz, que recorte todo gasto suntuario o superfluo.

  7. Implantación de software libre en la Administración.

  8. Sistema judicial basado en tribunales populares.

  9. Total separación de la Iglesia del Estado. Eliminación de cualquier subvención a cualquier iglesia o confesión religiosa.

  10. Uso de espacios públicos e infraestructuras públicas como los centros de servicios múltiples y sociales por parte de cualquier ciudadano o colectivo que lo solicite.

  11. Gestión compartida de los centros sociales públicos, por los colectivos sociales de la zona y no exclusiva de un colectivo o empresa al que las administraciones den el poder de gestión y uso.

  12. Derogación de los Reglamentos y Ordenanzas de "Convivencia", por ser un intento encubierto de limitar la libertad de expresión.

 

6.2. Política económica

La renta por habitante de Andalucía se situó en 2010 en 16.100 €, una de las más bajas del Estado Español. Junto a ello, con más de un millón de parados, la tasa de desempleo roza el 30%.

Sin embargo, Andalucía no es un país pobre, dada la tremenda riqueza en recursos naturales que poseemos, no sólo agrícolas, sino también energéticos y minerales.

Por un lado, contamos con un gran potencial para el desarrollo de las energías renovables, sobre todo de la energía solar y de la eólica. Nuestra infraestructura para la producción de electricidad está compuesta por ocho grandes centrales térmicas; más de sesenta pequeñas centrales hidráulicas; dos parques eólicos; y catorce centrales cogeneradoras térmicas.

Por otra parte, en cuanto a las extracciones metálicas, Andalucía aporta más del 50% de la producción del Estado Español.

Pero esas riquezas no se emplean en el desarrollo de la economía andaluza, sino en los intereses de burguesías de otras partes del Estado y de los sectores de la oligarquía andaluza aliados con ellas.

6.2.1. Política fiscal

  1. Reforma progresiva del IRPF.

  2. Reforma del Reglamento del IVA para reducir el tipo a productos básicos.

  3. Creación de un Impuesto Especial de Solidaridad para altos ingresos.

  4. Recuperación del Impuesto sobre Patrimonio y del Impuesto de Sucesiones.

  5. Aumento de los impuestos a las grandes fortunas.

  6. Abolición de la figura de las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV) y de las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario (SOCIMI) .

  7. Creación de un impuesto sobre las transacciones financieras de carácter especulativo.

  8. Creación de un Impuesto sobre las Emisiones de CO2 y la Generación de Residuos.

6.2.2. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía

El sector industrial andaluz ha tenido tradicionalmente un escaso peso en la economía y se ha caracterizado por su debilidad. No obstante en valores absolutos la industria aportó en 2007 11.979 millones de Euros y asalarió a más de 290.000 trabajadores. El aporte de producción representa un 9,15%, situación acrecentada con el descenso del peso del sector industrial con respecto a la economía andaluza.

Al analizar los distintos subsectores de la industria andaluza el sector agroalimentario supone más del 16% del total de la producción. Muy por detrás se sitúa el sector de fabricación de materiales de transporte. En el sentido contrario es muy sintomático el poco peso de la economía andaluza en sectores tan importantes como el textil o el electrónico.

Otra característica de la industria andaluza es su especialización mayoritaria en actividades industriales de transformación de materias primas agrarias y minerales. La gran mayoría de las empresas son de tamaño muy reducido y sólo las empresas de participación pública o de capital externo son capaces de desarrollar grandes estructuras empresariales.

El sector terciario o de servicios, tanto en términos de producción como de empleo, ha experimentado en las últimas décadas un crecimiento muy significativo en su participación en la economía.

Este proceso, que se ha denominado terciarización de la economía, se ha manifestado en Andalucía de forma peculiar. De esta forma en 1975 el sector de servicios producía un 51,1% del Valor Añadido Bruto (VAB) andaluz y daba empleo a un 40,8%, mientras que en el año 2007, producía el 67,9% del VAB y el 66,42% de los empleos. Sin embargo este crecimiento del sector terciario se produjo antes que en otras economías desarrolladas y fue independiente del sector industrial.

En Andalucía el desarrollo anacrónico del terciario obedece a dos razones principales:

1. El capital andaluz ante la imposibilidad de competir con la industria de las regiones desarrolladas se ve obligado a emprender actividades de más fácil acceso.

2. La ausencia de un fuerte sector industrial que pueda absorber el excedente de mano de obra de la agricultura y el que se crea por la desaparición del artesanado, conduce a la proliferación de cierto tipo de servicios con una baja productividad. Es, por tanto, el papel que la economía andaluza desempeña, dentro del proceso de desarrollo desigual, el que produce como resultado un terciario hipertrofiado y poco productivo

Andalucía necesita la construcción de una gran industria, preferentemente pesada, que dará la clave para reestructurar toda la economía nacional sobre la base de una técnica maquinizada de vanguardia y fortalecerá la independencia técnica y económica del país. La creación de esta industria moderna exigirá gigantescas inversiones materiales y financieras que deberán buscarse dentro del país gracias a los ingresos de las empresas del sector público andaluz y de las cajas de ahorro así como una nueva política fiscal de carácter progresivo.

Como primer paso para su fortalecimiento, ANDALUCÍA COMUNISTA considera necesaria la nacionalización de la banca y los sectores estratégicos de la economía (energía, transportes, comunicaciones, comercio exterior, operaciones con moneda extranjera e industria pesada), así como de todas las grandes empresas en crisis.

Esta nacionalización no tocará en modo alguno la propiedad de los pequeños industriales, comerciantes y artesanos. Todo lo contrario, se les prestará ayuda en forma de materias primas, créditos y pedidos. Además, se tendrán presentes los intereses de los pequeños accionistas. Esto incluye a los pequeños rentistas, propietarios de pólizas de seguros, etc.

Se recurrirá a gran escala a la creación de empresas mixtas públicas-privadas.

Por otra parte, ANDALUCÍA COMUNISTA considera esencial la remunicipalización de los servicios públicos gestionados por empresas privadas (limpiezas, cementerios, etc.).

Con el objetivo de conseguir que nuestra tierra se convierta en una potencia tecnológica, ANDALUCÍA COMUNISTA ve necesaria la creación de un Instituto Tecnológico Andaluz, que asegure un incremento de la productividad en todo el tejido económico andaluz, así como reestructurar todos los Parques Tecnológicos andaluces.

6.2.3. Confiscación de la gran propiedad agraria

La sociedad andaluza hasta hace pocas décadas ha sido mayoritariamente agraria, lo que explica que el 45,74% del territorio andaluz sean tierras de cultivo. Los cultivos herbáceos de secano -cereales y girasol-, extendidos por gran parte del territorio, destacan sobre todo en las grandes campiñas del Valle del Guadalquivir y los altiplanos granadinos y almerienses -con un rendimiento sensiblemente menor y enfocados a la cebada y avena-. Entre los cultivos herbáceos de regadío destacan el maíz, el algodón y el arroz, localizados preferentemente en la vega del Guadalquivir y del Genil

Los cultivos leñosos están protagonizados por el olivo, localizado preferentemente en el subbético cordobés y jiennense, donde el olivar de regadío alcanza un gran rendimiento proporcionando un porcentaje importante a la producción agraria final. La vid se cultiva extensamente en varias zonas como el Marco de Jerez, El Condado de Huelva, Montilla-Moriles y en Málaga. Por su parte los frutales -principalmente cítricos- se localizan en la vega del Guadalquivir, debido a sus requisitos hídricos; mientras que el almendro -cultivo de secano- se extiende por los altiplanos granadino y almeriense.

La ganadería es una actividad con una larga tradición aunque actualmente está en su mayoría restringida a las adehesadas de las zonas montanas, con menor presión de los distintos usos del suelo. Así, el sector ganadero ocupa un lugar semimarginal en la economía andaluza, aportando tan sólo un 15% a la producción final agraria, mientras que el sector agrícola aporta un 30%.

La tierra que los trabajadores del campo andaluces cultivan es, en buena parte, propiedad de los grandes propietarios. Por ello, el suelo de estos grandes terratenientes también pasará a ser parte del sector público andaluz.

  1. Nacionalización de la tierra de los propietarios latifundistas y reforma agraria que acabe con el latifundio y conceda la explotación de la tierra en usufructo a los jornaleros y a los pequeños agricultores.

  2. Fomento de las cooperativas agrarias.

  3. Anulación de las deudas de los pequeños y medianos campesinos.

  4. Derogación del Decretazo para que los jornaleros tengan subsidio agrario.

  5. Búsqueda de la soberanía alimentaria del pueblo andaluz prohibiéndose los transgénicos y el empleo de hormonas.

  6. Control público de los canales de comercialización para garantizar unos ingresos justos a los agricultores sin perjudicar al conjunto de la ciudadanía, haciendo desaparecer a los intermediarios.

  7. Impulso y ayudas a la reorganización de los cultivos sobre la base de las necesidades del pueblo andaluz.

  8. Estudio e incentivo de las formas de explotación que sean más eficientes, hacia un desarrollo sostenible y respetando el medio.

  9. Aumento de los cultivos ecológicos

  10. Desintoxicación de las capas freáticas a favor de una agricultura y ganadería de calidad y ecológica.

6.2.4. Sector pesquero

La pesca es una actividad tradicional de las costas andaluzas con una flota pesquera andaluza de gran importancia y gran número de puertos (38).

El sector pesquero sólo supone un 0,5% de la producción final agraria. Sin embargo, analizando estos datos en el ámbito provincial -Huelva supone el 20% de producción agrícola- o local -en Punta Umbría el 70% de la población está ligada a este sector- da una idea de la importancia de este sector e incluso dependencia en ciertas regiones andaluzas.

Hasta hace unos años, el incumplimiento de las legislaciones pesqueras en cuanto al uso de la pesca de arrastre, la contaminación del litoral con origen urbano, la destrucción de hábitats por las obras de ingeniería costeras (alteración de las desembocaduras de los ríos, puertos deportivos y comerciales) y la escasez de capturas por la sobreexplotación, son factores que han provocado una situación de crisis en la actividad pesquera andaluza y han justificado fuertes acciones de reconversión de la flota pesquera.

  1. Fomento del asociacionismo pesquero.

  2. Aumento de la inversión en investigación pesquera.

  3. Apoyo a una política social pesquera con especial incidencia en la formación y capacitación profesional.

  4. Ayudas por la paralización temporal (paro biológico) en los caladeros andaluces, con el objetivo de la regeneración de los mismos y conseguir una política de conservación de los recursos.

  5. Modernización y reestructuración de la flota andaluza.

  6. Apoyo a la flota artesanal.

  7. Desarrollo de las estructuras de comercialización y transformación con especial hincapié en las estructuras en tierra (puertos, lonjas, etc).

  8. Modernización de establecimientos y el aumento de su capacidad.

  9. Mejora y modernización de las infraestructuras portuarias existentes. Dragado de los canales de acceso a puertos (incremento de calados y señalización).

  10. Construcción de piscifactorías estatales en antiguas salinas y en instalaciones flotantes en mar abierto.

6.2.5. Política social

  1. Jornada de 35 horas semanales, sin reducción salarial, implantada por ley, avanzando en la implantación de horarios racionales que no conviertan al obrero asalariado en un esclavo encadenado a su puesto de trabajo.

  2. Salario Mínimo Interprofesional de 1.100 €

  3. Garantía del derecho a la vivienda en caso de situación legal de desempleo.

  4. Promulgación de nuevas legislaciones laborales que garanticen los derechos de los trabajadores, asegurando la prohibición de las horas extraordinarias, el trabajo a destajo y la precariedad laboral.

  5. Transporte público o de empresa gratuito entre el domicilio y el puesto de trabajo.

  6. Cinco semanas de vacaciones anuales.

  7. Jubilación a los 60 años con una pensión equivalente a la media del salario cotizado en los últimos 15 años.

  8. Cláusula de revisión salarial para todos los trabajadores, según el Índice de Precios al Consumo.

  9. Abolición de las Empresas de Trabajo Temporal. Todas las ofertas de empleo serán gestionadas exclusivamente por una entidad pública

  10. Eliminación de las contratas y subcontratas en la actividad habitual de las empresas.

  11. Aumento del control sobre las empresas y reformas legislativas para que los patronos que atenten contra los derechos de los trabajadores sean castigados por la vía penal y de forma ejemplar.

  12. Fomento de la salud laboral en el trabajo.

  13. Creación de un Fondo para ayudar el pago de las hipotecas.

  14. Rebaja de los alquileres.

  15. Amplio derecho a la cogestión para los comités de empresa.

  16. Centros de formación para maestros industriales o para recibir una formación adicional en las mismas empresas. Formación profesional a cargo de las empresas y computable como horas de trabajo.

  17. Mejora de las prestaciones de desempleo y cobertura al 100% de los parados.

  18. Regularización de todos los sin papeles. Persecución de los traficantes de inmigrantes.

6.2.6. Vivienda

  1. Ley del Derecho a la Vivienda, encaminada contra la especulación urbanística y los abusos de los propietarios a los inquilinos.

  2. Propiciar un urbanismo que potencie el modelo cultural de la ciudad andaluza.

  3. Creación de servicios comarcales públicos de vivienda e incremento inmediato del gasto público en la promoción de vivienda protegida.

  4. Expropiación y comarcalización de los inmuebles cerrados retenidos por más de un año por los bancos, inmobiliarias, promotoras o constructoras.

  5. Creación de un sistema de alquiler de viviendas de propiedad pública.

  6. Eliminación del chabolismo y la infravivienda.

  7. Control de la calidad en la edificación. Desarrollo del reglamento de aislamiento contra ruidos.

6.3. Educación

En los últimos 15 años se ha promovido por parte de los partidos del Régimen (PSOE-A y PP, fundamentalmente) un deterioro cada vez mayor de la Educación Pública en Andalucía.

Junto a la falta de inversión y los continuos cambios de proyectos académicos, el sistema educativo andaluz destaca por el incremento de fondos provenientes de la Junta de Andalucía destinada a la educación privada a través del camuflaje de los conciertos, especialmente en las grandes ciudades.

Por otra parte, la oligarquía española, desde su nacimiento, lleva manipulando las señas de identidad de Andalucía, ridiculizándolas ocultándolas o desnaturalizándolas, tergiversándolas al presentarlas, grotescamente desfiguradas, como españolas.

Para ANDALUCÍA COMUNISTA es importantísimo hacer participes en la reconstrucción de la escuela a una amplia opinión publica por medio de los representantes de los partidos y organizaciones democráticas, de los padres y de las organizaciones juveniles y estudiantiles democráticas, así como la participación de los alumnos en la configuración de la vida escolar.

  1. Educación pública, gratuita, andaluza, laica, científica y de calidad que faculte a las personas a ser responsables y a pensar de forma independiente, para que estén capacitados y dispuestos a ponerse al servicio de la sociedad con un verdadero carácter humanista, libre de cualquier pensamiento fascista y militarista, en el espíritu de la convivencia pacifica y amistosa de los pueblos y de una democracia real.

  2. Concebir la enseñanza de forma metódica y científica a todos los niveles.

  3. 6% del PIB, como mínimo, para la Educación Pública

  4. No a la masificación: aumento de la plantilla docente para garantizar un máximo de 15 estudiantes por aula.

  5. Reducción de la interinidad en el profesorado a un 5%

  6. Educación profundamente andaluza en la que se estudie y promueva la cultura de nuestro pueblo y el conocimiento de su verdadera historia, sin mistificaciones españolistas ni manipulaciones de nuestro pasado así como el máximo respeto a nuestra habla.

  7. Didáctica del flamenco en los centros de enseñanza.

  8. Aulas de cultura andaluza en todos los centros de enseñanza.

  9. Escuela Unificada y Polítécnica: educación en estrecha relación de la instrucción de los niños y jóvenes con el trabajo productivo y dando especial importancia al estudio de las ciencias y matemáticas. La formación y la educación deben relacionarse con la praxis y con el trabajo productivo y concebirse a todos los niveles como unidad.

  10. Establecimiento de actividades educativas gratuitas y públicas, fuera de los períodos lectivos, para todos los niveles educativos y que sean suficientes para atender las necesidades.

  11. Admisión en los centros en donde primen la cercanía al domicilio, tenencia de familiares en él y la renta económica familiar

  12. Retirada de las subvenciones a la educación privada-concertada

  13. Desaparición de la asignatura de religión.

  14. Reconocimiento a los estudiantes del derecho de asamblea en hora lectiva

  15. Elección del director a través del Consejo Escolar

  16. Inversión en creación de ciclos públicos para satisfacer la demanda existente.

  17. El derecho a la educación, valido para todos, debe estar asegurado a través de la permeabilidad de la totalidad de los diferentes niveles escolares.

  18. Creación de entidades de preparación de estudios para obreros-estudiantes (facultades obreras).

6.3.1. Universidad

  1. Universidad estrechamente vinculada a la industria y la agricultura.

  2. Incremento de los presupuestos destinados a la Universidad pública hasta llegar al 2% del PIB.

  3. Gestión de la I+D+i desde la Universidad.

  4. Fuera la empresa privada de la Universidad Pública. No a la gestión empresarial de la universidad.

  5. Elección y control del rector exclusivamente por el Claustro.

  6. Disolución de los Colegios Profesionales y traspaso de la regulación profesional a las Universidades y al Estado.

7. Sanidad

En los últimos años hay una campaña generalizada para desprestigiar y desmantelar los sistemas públicos de salud que busca la privatización de los sistemas sanitarios públicos y que busca en ellos una oportunidad de negocio.

Esta tendencia internacional hacia el desmantelamiento de los sistemas sanitarios públicos afecta a todos los países en mayor o menor medida. Andalucía no es una excepción.

En esta campaña privatizadora juega un papel fundamental la estrategia de convencer a la opinión pública de las ineficiencias y problemas de funcionamiento del sistema sanitario público, cuando esta situación es, precisamente, el resultado de la introducción de nuevas formas de gestión empresarial, que con la disculpa de innovar, lo que en realidad buscan es poner por delante el ahorro, olvidando la calidad de la atención sanitaria.

El gran perdedor de estos cambios es el Pueblo Trabajador Andaluz, porque la calidad de los servicios sanitarios empeora provocando la masificación y las listas de espera para intervenciones quirúrgicas, para las consultas de los especialistas, las pruebas diagnósticas e, incluso, para los médicos generales y pediatras.

En consecuencia, para ANDALUCÍA COMUNISTA, las medidas necesarias para la mejora de la Sanidad Pública Andaluza con:

  1. Derogación de las leyes que permiten la privatización de los servicios sanitarios (incluida la gestión).

  2. Ampliación de la cobertura sanitaria pública a todas las patologías y especialidades.

  3. Prioridad de la sanidad dentro de los presupuestos, con exclusividad en los mismos del Servicio Andaluz de Salud. Prohibición de cualquier tipo de subvención directa o indirecta a los establecimientos sanitarios privados.

  4. Eliminación de las mutualidades profesionales y de accidentes de trabajo, e inclusión de éstas y de la inspección en la red del Servicio Andaluz de Salud.

  5. Planes para la construcción urgente de una auténtica red pública de servicios sociales y de atención a la dependencia.

  6. Utilización preferente de los genéricos en la prescripción de medicamentos.

  7. Ampliación de la plantilla de personal médico y de enfermería.

  8. Introducción de la especialidad de medicina de urgencia.

  9. Máximo de jornada de trabajo de 12 horas con garantía de descanso de otras 12 horas.

  10. Reducción de la interinidad al 5%.

  11. Media de 10 minutos de atención por enfermo.

  12. Habitaciones individuales en los hospitales.

  13. Mínimo de un hospital por comarca.

  14. Dotación de un servicio fijo de urgencias, como mínimo, por cada una de las comarcas andaluzas.

  15. Máximo de cinco jornadas semanales de 7 horas para los trabajadores sanitarios de las urgencias.

  16. Dotación suficiente de personal sanitario para las urgencias.

  17. Reforma organizativa de las urgencias separándolas de los cuidados  críticos y del acceso a planta.

  18. Prohibición de los aceites con grasas “trans” (aceites vegetales hidrogenados).

  19. Educación sanitaria en los centros de enseñanza y de trabajo en coordinación con el programa de hábitos deportivos y nutricionales.

  20. Regulación de los menús escolares en base a una dieta saludable.

  21. Gratuidad de los métodos anticonceptivos.

  22. Red de centros andaluces para atender a los enfermos mentales.

6.5. Mujer

  1. Creación de una amplia red de casas cuna, guarderías públicas y de comedores públicos.

  2. Ayudas suplementarias para las familias numerosas y las madres solteras.

  3. 26 semanas de vacaciones pre y postnatales con goce de sueldo completo. A partir del segundo niño, las madres podrán, además de esas 26 semanas, tomar vacaciones durante un año para cuidar al bebé, cobrando el equivalente al 90 por ciento de su sueldo neto, manteniendo el puesto de trabajo en la empresa.

  4. Atención gratuita de los niños de 0 a 3 años en las casas-cuna y de 3 a 6 años, en las guarderías, durante todo el día.

  5. Divorcio libre e inmediato.

  6. Custodia compartida entre miembros de la familia para evitar la discriminación laboral de la mujer y la discriminación familiar en cuanto al disfrute de los hijos por el hombre.

  7. Derecho a aborto con garantías legales y sanitarias para la mujer y en el que prime la decisión libre de ésta.

  8. Política educativa de no discriminación en la que sea efectiva la coeducación y se eliminen las propuestas de autonomía de centro para establecer o introducir medidas que separan a niños y niñas en el aula o educan con objetivos distintos a niños y niñas.

  9. Consideración a nivel social el trabajo doméstico como tareas que cualquier individuo debe realizar en el ámbito de su hogar, sea cual sea su modelo de organización familiar.

  10. Abolición de la prostitución. Ayuda financiera y planes de trabajo para la reinserción social de las prostitutas.

6.6. Medio Ambiente

  1. Apuesta clara por la Soberanía Energética, teniendo en cuenta el equilibrio industrial/medioambiental.

  2. Fomento, desarrollo y aplicación de fuentes de energía alternativas a todos los niveles en progresiva sustitución de las fuentes de energías contaminantes y no renovables.

  3. Protección especial a la biodiversidad.

  4. Uso eficiente del agua, municipalización de toda su distribución y protección de ríos, humedales y acuíferos.

  5. Potenciación del transporte público, asequible y de calidad. Promoción del carril-bici para convertir este medio de transporte en una alternativa real. Convertir al peatón en una prioridad frente a los vehículos privados.

  6. Organización racional de los espacios para vivir en los que se pueda acceder a los servicios de educación, sanidad, deportes, ocio y cultura, y que dichos servicios sean públicos, no privados.

  7. 0,2% anual del PIB para frenar el cambio climático.

  8. Implantación de motores híbridos en todo el transporte público.

  9. Sensibilización y concienciación de la ciudadanía de qué es el cambio climático, que implicaciones tendrá en nuestras vidas y cómo podemos contribuir a evitar que alcance niveles de crisis global.

  10. Prohibición de acceso al centro de las ciudades de los coches sin catalizador.

  11. Control de los vertidos de las minas a los ríos.

  12. Prohibición de la fumigación aérea con pesticidas y su almacenamiento cerca de ríos, pantanos o depósitos de agua.

  13. Control para la seguridad de la balsa de Boliden.

  14. Control permanente del oleoducto Rota – Zaragoza para evitar vertidos de hidrocarburos.

  15. Reestructuración del tráfico para impedir que se superen los límites acústicos fijados por la OMS.

  16. Programa de control acústico en los vehículos motorizados.

  17. Reducción de la generación de residuos.

  18. Favorecer la reutilización de los envases y aumentar la recogida selectiva para el aprovechamiento del vidrio, papel, envases y materia orgánica.

  19. Recogida de basuras automatizadas y selectivas con vehículos ecológicos en todos los municipios de Andalucía.

  20. Concienciación ciudadana sobre el reciclaje.

  21. Eliminación y sellado de todos los vertederos ilegales.

  22. Red comarcal de instalaciones de tratamiento de vertidos adecuada e integrada para Andalucía.

  23. Control de los vertidos de alpechín.

  24. Stop a los residuos nucleares y radioactivos.

  25. Paralización inmediata del traslado de residuos nucleares a El Cabril.

  26. Cierre del vertedero de fosfoyesos de Huelva.

  27. Prohibición del cultivo y comercialización de productos transgénicos en Andalucía.

  28. Creación de nuevos espacios protegidos para reforzar la lucha contra la erosión.

  29. Declaración de la totalidad de las dehesas andaluzas como reserva de la biosfera (1.200.000 ha)

  30. Limpieza permanente de los espacios forestales con planes de pastos del ganado.

  31. Plantación de árboles autóctonos en las ciudades y pueblos andaluces.

  32. Reconversión de las márgenes de los ríos en corredores verdes y ecológicos, con reforestación de las mismas.

  33. Prohibición de instalación de centrales nucleares en territorio andaluz así como el tránsito o el almacenamiento de residuos nucleares.

6.7. Cultura

  1. Promoción de la cultura popular andaluza y difusión de la historia de nuestro pueblo.

  2. Creación de un Conservatorio Superior de Flamenco en Andalucía para impartir el flamenco como enseñanza reglada.

  3. Casas de cultura andaluza en todos los municipios.

  4. Gratuidad en el acceso a los museos.

  5. Potenciación de los museos comarcales.

  6. Plan de apertura de museos en festivos y horarios nocturnos.

  7. Creación del Museo Nacional de Andalucía.

  8. Recuperación de Medina–Azahara para su declaración como Patrimonio de la Humanidad.

  9. Recuperación de los tesoros patrimoniales andaluces que han sido expoliados y se encuentran expuestos fuera de Andalucía.

  10. Creación de centros de interpretación en los espacios donde han tenido lugar los principales eventos de la Historia de Andalucía.

  11. Recuperación de manifestaciones culturales valiosas de nuestros pueblos, en peligro de desaparecer.

  12. 50% de los ingresos netos anuales de RTVA para producción y difusión de programas que difundan el conocimiento de la cultura andaluza.

  13. Creación de un Instituto Internacional de Cooperación con Latinoamérica en el sector audiovisual.

  14. Fomento del deporte popular. Desarrollo de instalaciones y fomento del asociacionismo deportivo en los barrios y pueblos.

  15. Campañas de concienciación contra los brotes racistas que permitan una convivencia multicultural enriquecedora.

  16. Apoyo total al software libre y el hardware reciclado.

  17. Creación de un Dominio de Nivel Superior de Código de País (CCTDL) para Andalucía (dominio .and).

  18. Respeto de los derechos fundamentales en Internet, privacidad y libertad de uso.

  19. Apoyo total a la cultura libre (prohibición de todo sistema DRM (digital rights management o Gestión de derechos digitales); derogación del canon de la SGAE; promulgación de medidas que aseguren que parte de los ingresos de las discográficas, editoriales, etc. vayan realmente destinados a los autores y no a ningún intermediario; etc.

6.8. Internacional

  1. Cierre de las bases militares estadounidenses de Rota y Morón y devolución de Gibraltar.

  2. Contra la Europa del capital y a favor de la Europa de los pueblos.

  3. Contra de la OTAN como expresión militar del imperialismo.

  4. Solidaridad con los pueblos en lucha: Colombia, Palestina, Sahara, Iraq.

  5. Contra las carreras armamentísticas, contra las intervenciones militares imperialistas, supresión de todo el armamento de destrucción masiva.

  6. Reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática.

  7. Apoyo a la lucha de los pueblos sin Estado a nivel europeo.

  8. Apoyo a las luchas de todos los pueblos del mundo por su libertad y su dignidad.

  9. Apoyo a los procesos antiimperialistas que se están dando en Latinoamérica (Venezuela, Bolivia…).

  10. Solidaridad con la Revolución Cubana. En la actual etapa histórica, la solidaridad con Cuba es la piedra de toque del Internacionalismo Proletario.

Boletín


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