Declaración sobre las pasadas elecciones españolas
De todas las elecciones que han tenido lugar desde la muerte de Franco, las del pasado 20-N han sido las más vacías, absurdas e inútiles de todas, y no porque pudiera estar más o menos claro el partido ganador antes de celebrarse las elecciones, sino porque esta vez ha quedado más claro que nunca quiénes son los que verdaderamente gobiernan y qué intereses tienen. Daba exactamente igual Rubalcaba que Rajoy. La gran oligarquía imperialista española, los imperialistas alemanes o norteamericanos y los especuladores financieros tenían ya redactado el programa a aplicar por el posible ganador de la farsa electoral. A grandes rasgos, ese programa consiste en que el Estado español pague su abultada deuda vaciando los bolsillos de la clase obrera y de los sectores populares.
Nunca antes el régimen postfranquista había quedado tan evidentemente retratado convirtiendo las pasadas elecciones en una caricatura de democracia. Ni Rubalcaba ha podido convencer a nadie con su repentino “giro a la izquierda”, ni Rajoy esconder su “programa oculto”. El actual Estado monárquico español de las autonomías cada vez recuerda más al de la restauración borbónica del siglo XIX donde conservadores y liberales se alternaban en el poder.
La mayoría absoluta del PP ha sido incuestionable, pero eso no ha supuesto que los especuladores financieros se hayan calmado. La prima de riesgo española ha continuado en unos niveles insoportables y los intereses que se pagan por la deuda española son desorbitados, mientras las agencias calificadoras ya han lanzado severas advertencias al nuevo gobierno español sobre las medidas a llevar a cabo: austeridad, recortes sociales, reforma fiscal, etc. Rajoy tiene muy poco margen de maniobra, será una simple marioneta en manos de los grandes capitalistas, nada más.
A pesar de la victoria del PP, lo ocurrido el pasado 20-N ha sido más un castigo al PSOE que un voto de esperanza y en positivo por un cambio. Que nadie se lleve a engaños, el PP ha recibido muchos votos obreros, votos que reflejan la influencia de la ideología burguesa en amplios sectores de la clase obrera, esperanzados en la quimera de que votando al PP se puede volver a la situación anterior a la crisis.
En este sentido, se explica también el ascenso de Izquierda Unida. Sin embargo, esos votos de castigo al PSOE por la izquierda, servirán simplemente para que IU pueda negociar determinadas cuotas de poder institucional con el PSOE desde una posición más fortalecida, nada más. IU es el hermano menor del PSOE y así se comporta. El eurocomunismo no tiene más salidas ante la crisis que el aumento de los impuestos y el aumento del consumo popular, sin una visión global y amplia de la misma. Incluso si el eurocomunismo tuviera el poder institucional suficiente sería más que dudoso que llegara a aplicar su programa reformista, no olvidemos que el régimen español actual se pactó con ellos.
Por diversos motivos, consideramos peligroso tanto el ascenso de CiU como el de UPyD. Nos preocupa el ascenso de una CiU con un mensaje más xenófobo, antiandaluz y neoliberal que nunca. Sin duda, CiU apoyará totalmente todas las agresiones que van a sufrir la clase obrera y los sectores populares de todos los pueblos del Estado Español y, por supuesto, contribuirá a situar en una mayor marginalidad a Andalucía. Igualmente preocupante es el ascenso de UPyD, es decir, de un partido ultranacionalista español que ha sabido jugar la baza de la crítica al bipartidismo para introducir un peligroso mensaje de legitimación del régimen de la oligarquía española desde posiciones supuestamente neutras.
Por supuesto, debemos destacar la fuerte irrupción de la izquierda abertzale por medio de la candidatura Amaiur. El voto a Amaiur ha sido una auténtica bofetada democrática y popular a la gran oligarquía española y a sus planes de acabar con la disidencia política vasca. Esa fuerte irrupción institucional ha estado relacionada con la política de alianzas de la izquierda abertzale y con el cese definitivo de la actividad armada por parte de ETA. En este sentido, aunque han habido determinados sectores de la propia izquierda abertzale que han mostrado sus miedos y sus dudas por esas alianzas, especialmente en lo tocante al contenido social de las mismas, los objetivos básicos de romper con el aislamiento político antidemocrático, la salida negociada al conflicto, así como la reivindicación del derecho a decidir, han servido de auténtico pegamento del pueblo trabajador vasco, planteando un verdadero desafío político a la gran oligarquía española que ahora mismo tiene la pelota en su tejado sin saber muy bien qué hacer.
Felicitamos a las dos candidaturas de izquierdas transformadoras estatales que se presentaban a estas elecciones, PCPE e Izquierda Anticapitalista, por haber sorteado en diferentes circunscripciones los obstáculos antidemocráticos planteados en la última reforma electoral. Sin embargo, sus opciones quedaban reducidas a lo simbólico, es decir, a simbolizar más que representar políticamente la lucha de lo más avanzado del movimiento obrero y popular del conjunto de los pueblos del Estado español sin más transcendencia real.
Tristemente, Andalucía, o más concretamente el conjunto del pueblo trabajador andaluz, ha estado ausente en los pasados comicios. Ninguna candidatura ha hablado del 30% de paro en Andalucía, de uno de los PIB per cápita más bajos de todo el Estado, de la Política Agraria Común, de que el 60% de las fincas estén en mano de 5000 propietarios, del subdesarrollo económico, del hipertrofiado sector servicios andaluz, como tampoco de la militarización de nuestro territorio, y ni mucho menos, sobre la dignificación de nuestras señas de identidad, por poner unos claros ejemplos. La izquierda transformadora estatal, aunque diga tener en cuenta a Andalucía y sus derechos nacionales, en la práctica se queda en el discurso negador del hecho nacional andaluz, lo que les impide aportar soluciones políticas a nuestros problemas. Por otro lado, el Partido Andalucista, a pesar de haber aumentando sus votos, sigue instalado en la ambigüedad, en esos miedos históricos propios de la clase a la que representan en Andalucía que siempre les lleva a no romper con los lazos con la gran oligarquía española.
Hemos señalados problemas reales que afectan directamente a la clase obrera y a los sectores populares andaluces, problemas que han sido ignorados y lo seguirán siendo hasta que no surja una alternativa andaluza de izquierda soberanista, popular y antiimperialista que asuma su responsabilidad histórica. Para ANDALUCÍA COMUNISTA, la soberanía nacional no es un fin en si misma, sino el ineludible camino a recorrer aquí y ahora para construir el socialismo y el comunismo en nuestra tierra.
La no presentación de una candidatura de izquierda soberanista no puede ser juzgada como una debilidad, sino como un acto de responsabilidad hacia la clase obrera y nuestro pueblo trabajador. A quienes piensan en términos de debilidad, hemos de decirles que las fortalezas y la debilidades no se demuestran solamente en unas urnas, ni siquiera fundamentalmente en ellas, sino en la capacidad de organizar la lucha del movimiento obrero y popular andaluz día a día, pueblo a pueblo y barrio a barrio.
Nuestra opción fue, junto con el resto de organizaciones de la Mesa Andaluza de la Izquierda Soberanista (MAIS), por la abstención activa sabiendo que optar por esa opción suponía un trabajo difícil pero, a la vez, acertado para denunciar las elecciones más falsas jamás organizadas en el Estado español desde la muerte de Franco. No era el momento de candidaturas simbólicas sin trascendencia real alguna, así lo entendimos y por eso actuamos en consecuencia.
Los grandes partidos del Estado español, PP, PSOE e IU, ya se han fijado el objetivo de las próximas elecciones andaluzas que tendrán lugar en marzo del 2012. A nuestra tierra vendrán con sus falsas promesas, haciéndonos creer que Andalucía les preocupa. Sin embargo, sus objetivos no son solucionar nuestros problemas, sino el poder institucional con el que perpetuar el régimen postfranquista. Andalucía será para esos partidos una “pieza” a capturar en la gran cacería de votos que están preparando para el 2012. Vendrán todos enfundados en la verdiblanca, por muy españolistas que sean, y con ropajes progresistas, a pesar de sus verdaderas intenciones, y de nuevo, la clase obrera y el pueblo andaluz serán engañados y traicionados.
No queremos terminar la presente declaración, sin reafirmarnos en nuestros principios marxistas-leninistas, en nuestra lucha por la construcción del socialismo y el comunismo. Igualmente, nos reafirmamos en nuestro objetivo estratégico: la consecución de la República Andaluza como expresión institucional soberana del poder obrero y popular andaluz. Tenemos presente que este acto de reafirmación último que hacemos se puede quedar en un brindis al sol si no hay un trabajo constante, disciplinado y organizado en el seno de la clase obrera y de los sectores populares andaluces oprimidos. Como comunistas, todo lo que no sea trabajo y esfuerzo en el seno de nuestro pueblo son falsas ilusiones que, por supuesto, no vamos a alentar.
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