Análisis de coyuntura (Junio de 2010)
Un mundo sumido en una lucha interimperialista sin cuartel
Frente a todas aquellas teorías que a finales de los 90 del siglo pasado y principios del presente, nos hablaban del fin de las contradicciones interimperialistas, del fin del imperialismo como fase del capitalismo, incluso del fin de los estados nacionales, nos encontramos con una realidad internacional preñada de contradicciones interimperialistas, contradicciones exacerbadas en última instancia por la tremenda crisis que el capitalismo como modo de producción está atravesando. La realidad encargada dar o quitar razones en las disputas teóricas está mandando definitivamente al basurero de la Historia todas aquellas teorías del fin del imperialismo, de la globalización, etc., que tanto eran agitadas por aquella izquierda pequeñoburguesa de finales del siglo pasado y principios del presente.
La actual crisis tiene su origen temporal real en aquella otra gran crisis de los 70, en realidad, la crisis que estamos viviendo actualmente es una prolongación en el tiempo de aquella. Si aquel entonces se culpaba al petróleo, hoy se culpa a las hipotecas y a la especulación financiera. Tanto hoy como ayer nos tratan de hacer pasar las consecuencias por causas con el único fin de crear el estado de conciencia necesario para inculcar en las mentes de todos los oprimidos la necesidad de continuar viviendo en este sistema podrido, cruel, injusto y, sobre todo, inhumano.El modo de producción capitalista viene atravesando desde hace muchos años graves problemas para extraer plusvalías, cada vez se produce más y más (sobreproducción), gracias a las grandes inversiones en capital constante (maquinaria), que va desplazando al capital variable (fuerza de trabajo), y al consiguiente impulso del desarrollo tecnológico, procurándose a la vez el abaratamiento de materias primas, pero lo que se produce no sirve al único fin que tienen los capitalistas: la acumulación y la reproducción de capital, si los capitalistas tienen dificultades para extraer plusvalías difícilmente podrán realizar su fin ya proclamado: acumulación y reproducción; se produce demasiado, y toda la producción no puede ser absorbida (subconsumo). La competencia entre los capitalistas se endurece, es una auténtica lucha de fieras desaforadas por hacerse con un pedazo mayor de la tarta, arrebatandosela al resto de competidores. La fuente de todo valor, hoy como ayer, es el trabajo humano, por tanto, para superar este problema, es decir para seguir acumulando, recuperar, y si se puede, aumentar la tasa de ganancia, los capitalistas, hoy como ayer, necesitan explotar al menor coste posible el trabajo humano, o mejor dicho, su fuerza de trabajo.
Esto motiva que muchos capitalistas sobreacumulen capital que no ven rentable invertir en la producción dedicándolo al juego especulativo.
Marx ya nos explicó como los capitalistas tratan de contrarrestar esta caída tendencial de la tasa ganancia con el aumento del capital accionario, entre otros mecanismos como la elevación del grado de explotación del trabajo, la reducción del salario por debajo de su valor, el abaratamiento del capital constante, la superpoblación relativa, y el comercio exterior, entre otros. Más tarde, Lenin, desarrolló la teoría del capital financiero, es decir, la fusión entre industriales y banqueros característica esencial de la fase imperialista, desarrollándose el carácter parasitario del capitalismo. Lo que hoy está sucediendo, en resumidas cuentas, no es más que el desarrollo de todo lo expuesto por Marx y Lenin y otros teóricos comunistas y/o revolucionarios. Por supuesto que se han desarrollado nuevos fenómenos, especialmente de tipo tecnológico que se han de tener muy en cuenta y que inciden en el desarrollo del modo de producción capitalista, pero son eso, fenómenos, que en todo caso vienen a reforzar las tendencias generales y, sobre todo, esenciales, que es lo que nos interesa observar, del modo de producción capitalista.
Los capitalistas llevan muchos años en una huida hacia adelante sin rumbo ni puerto de llegada, de burbuja especulativa en burbuja especulativa, como si fueran magos medievales en busca de la piedra filosofal. El desarrollo de la “economía especulativa” nos debería hacer ver más claramente las verdaderas causas de esta crisis, sin embargo, los medios de comunicación nos tienen puesta la mirada en las consecuencias, o mejor dicho, en cómo se está manifestando esta crisis, pero no en las causas.
Actualmente, nos encontramos unas “economías capitalistas centrales” sumidas en terribles problemas de deuda pública, consecuencia de las burbujas especulativas y las políticas monetaristas que tan bien han ayudado a esas burbujas especulativas, jugando con los tipos de interés. EEUU, con una deuda pública gigantesca, y peor aún, incalculable, una auténtica bomba de relojería, y el Reino Unido, tienen unos agujeros inmensos de deuda pública, en concreto, el Reino Unido es el país con mayor deuda pública de toda Europa, mucho más que la maltratada Grecia. Para financiar esa deuda pública, ambos países (EEUU y Reino Unido) realizan ataques al resto de países europeos, y al euro, especialmente a los eslabones débiles de la Unión Europea (Grecia, Irlanda, Portugal y Estado español), que son también, aquellos países donde mayor ha sido la orgía especulativa. Juegan con los bonos de deuda emitidos por esos estados, especulando sobre su valor presente y futuro, utilizando sus agencias calificadoras, es decir, empresas que se dedican a crear rumores sobre la estabilidad de tal o cual economía sin importar su realidad, creando rumores, especulando, manipulando la información, etc., así es como han provocado el colapso griego. Por su parte, Alemania, por un lado se ha visto beneficiada por el colapso griego, porque beneficia a la calificación de su deuda emitida, la más fiable de toda la Unión Europa, y por tanto, puede financiar más fácilmente su deuda (también abultada) pero, por otro lado, teme que el colapso griego se contagie y ponga en riesgo la moneda única, y con ello, todo su poder económico y político en Europa, haciendo recuperar al dólar todo el poderío perdido en todos estos años, y reforzándose ante dos competidores: Rusia, y sobre todo, China, además de otros actores internacionales de cierta relevancia como la India y Brasil. Por eso, la canciller alemana Merkel, a regañadientes, tuvo que ceder y apoyar el “plan de rescate” a Grecia. Un euro débil frente al dólar beneficia a las exportaciones alemanas, y también francesas, pero por otro lado supone un freno a las aspiraciones por hacer del euro una gran moneda internacional en competencia con el dólar.
El estallido de la última burbuja especulativa está motivando el trasvase brutal en toda Europa de rentas del trabajo a rentas del capital, para que el gran capital financiero pueda seguir jugando como si fuera un monopoly, tratando de reactivar viejas burbujas, y de abrir otras nuevas. A estas medidas algunos les llaman políticas neoliberales, da igual el término, pero seguramente habría que encuadrarlas más que en un tipo de capitalismo (neoliberalismo) en el modo de funcionamiento del propio modo de producción capitalista como tal.
Nos pueden hablar de refundar el capitalismo, e incluso de controlar los grandes capitales, algunos teorizan sobre las cenizas humeantes de Keynes, inventándose un, valga la expresión, “superneokeynesianismo”, como IU, algunas izquierdas nacionalistas (BNG, ERC, etc) en el Estado español, y sus homólogos en otras partes del mundo, pero la cuestión es que las políticas que se están aplicando por todos los gobiernos (sean del “color” que sean) van en otro sentido, y por otro lado, aunque a Keynes se le quiera sacar mucho jugo, sus teorías son capitalistas y están diseñadas para ser aplicadas en el modo de producción capitalista, por tanto, no pueden escapar a las contradicciones inherentes a este sistema. Estos refundadores del capitalismo pretenden resucitar el “capitalismo productivo” condenando el “capitalismo financiero” por sus tendencias especulativas, sin caer en la cuenta de que en la fase imperialista esa distinción entre capitales no tiene sentido.
Las medidas del Gobierno español: “el zapatazo”
No es cuestión de volver a enumerarlas, en todo caso, como anexo se adjunta el Real Decreto del Gobierno español para consultarlo.
Lo primero que debemos observar es como el Estado español, gobierne quien gobierne, como instrumento, está al servicio del gran capital, como todos los estados capitalistas. Es muy necesario recordar que antes de que el Gobierno español tomara estas medidas que sepamos, Zapatero había recibido a representantes del FMI, se había producido una cumbre de ministros de economía de la UE, una conversación entre Zapatero y el Presidente norteamericano, Barak Obama, y una ronda de contactos protagonizada por Cesar Alierta (Telefónica) y Emilio Botín (Santander) con el fin de hacer comprender, tanto a PP como al PSOE, la necesidad de tomar medidas urgentes a favor de los grandes capitales. Una vez anunciadas las medidas, el Gobierno español fue inmediatamente felicitado por los EEUU, la UE, el FMI, y el gran capital español.
Ni que decir tiene que el paquete de medidas supone un claro trasvase, sin compensación, de rentas del trabajo al capital: la rebaja del sueldo a los empleados públicos y la congelación para el 2011, la congelación de las pensiones, la retirada del “cheque bebé”, además de dos medidas poco comentadas, como son las restricciones a las percepciones de ayuda contempladas en la “Ley de Dependencia”, y sobre todo, el recorte brutal en la inversión pública, con la consiguiente repercusión en el empleo, por un lado, y en las perspectivas de negocio de muchas empresas que han vivido todos estos años de contratar obras y servicios con las diferentes administraciones públicas.
El zapatazo por un lado es un ataque al conjunto de la clase obrera y también de las diferentes capas populares, pero también, es un brutal ataque a lo público, a lo que supuestamente “es de todos”, con el único fin de salvar a los grandes capitales españoles y su competencia con el resto de capitales.
La privatización resuena por todas partes como solución a un presunto sector público (administraciones, empresas, etc.) que despilfarra, y un Estado que gasta, según dicen, demasiado en gastos sociales. Por supuesto, estos datos son falsos, sobre todo, si comparamos el volumen del sector público y el gasto social del Estado español con otros estados europeos. El partido político de la gran burguesía nacional (que no nacionalista) catalana (CiU) ha sido valiente y se ha pronunciado públicamente en este sentido, además de hacer gala, una vez más de su xenofobia atacando el PER andaluz, el PP, por su parte, calla pero piensa en ello, al igual que el PSOE. De nuevo, podríamos hablar de políticas neoliberales, pero de nuevo nos tenemos que remitir a las causas y no a las consecuencias, como antes hemos explicado.
Pero, igualmente, se está precipitando un nuevo ataque a la clase obrera, en el horizonte se vislumbra una reforma laboral exigida a voces por el gran capital español (se recomienda leer los editoriales del diario El Economista), y como no, por la UE y el FMI (como anexo también se puede consultar las recomendaciones del FMI al Gobierno español). Sobre la mesa tenemos: abaratamiento y mayor facilidad para despedir, aumento de la edad de jubilación, y quien sabe, si un ataque a la figura de los convenios colectivos, procurando extender los convenios de empresa, aunque pueda parecer duro o sorprendente el terrorismo informativo de la prensa económica burguesa insiste muchísimo en ello. En este sentido, la maquinaria propagandística se está engrasando como nunca, son continuos los mensajes que tratan de justificar esta reforma laboral: que si el mercado de trabajo del Estado español es poco flexible, que es muy rígido, que si en otros estados europeos no hay tanta rigidez, etc. De nuevo mentiras y más mentiras si comparamos el Estado español con otros estados de la UE.
Los sindicatos oficiales del Estado español ante el “zapatazo”
Ante el “zapatazo”, UGT y CCOO han convocado una huelga general en el sector público. Esta decisión es errónea, ya que circunscribe el “zapatazo” únicamente al sector público, pero es más, dentro de él, si examinamos la propaganda de ambos sindicatos, se circunscribe todavía más a los funcionarios, dejando de lado a muchísimos trabajadores de las diferentes administraciones públicas que no son funcionarios, y a muchísimos trabajadores de empresas públicas. Si consideramos que el “zapatazo” es un ataque al conjunto de la clase obrera y a los sectores populares, este planteamiento, siendo benévolos, es equivocado. Otro dato que llama la atención y que no debe pasar desapercibido es el cambio de fecha de esta huelga, del 2 de junio al 8 de junio, una interpretación a este cambio, no sabemos si acertada o no, puede estar en quererle dar margen de maniobra al Gobierno para que plantee alguna contrapropuesta para aliviar el “zapatazo” y así poder desconvocar la huelga. No olvidemos que el Gobierno español dice querer subirle los impuestos “a los ricos”.
De todos modos, no podemos descartar dada la trayectoria de estos sindicatos, que todas las movilizaciones que éstos puedan llevar a cabo de aquí en adelante estén ya pactadas y cumplan con un fin determinado que no es precisamente el de la defensa de los derechos de los trabajadores ante estos ataques, sino la estabilidad del Estado español y el control y encauzamiento del descontento obrero y popular para no desacreditar el sistema, el régimen español, y no desacreditarse ellos mismos como presuntos “sindicatos de clase”. El escenario incluso de una huelga general de todos los sectores ya pactada con el Gobierno no nos puede parecer ni chocante ni extraño.
¿Y en Andalucía qué?
Más de lo mismo, o peor. El Virrey de Andalucía, Griñán, ya ha anunciado la aplicación punto por punto de todo lo aprobado por el Gobierno del Estado, al igual que su Consejera de Hacienda y Administración Pública, Carmen Martínez Aguayo. De hecho, la reunión el ejecutivo andaluz, el Consejo de Gobierno, también ha dado su visto bueno, siendo ya inminente la publicación del Decreto andaluz de aplicación de lo decidido por el Gobierno del Estado.
Frente a determinados discursos de la derecha española más reaccionaria que está vociferando contras las comunidades autónomas, hay que decir, y eso tampoco nos sitúa en el campo de los defensores del constitucionalismo español ni del Estado de las autonomías, que las comunidades autónomas han asumido muchísimo gasto social del que el Estado se ha desentendido, y muchas veces, sin que estuvieran garantizados los medios recaudatorios para ese gasto social; la Comunidad Autónoma de Andalucía, con todos los peros que podamos poner, que son muchos, es un ejemplo de ello. Por tanto, se trata de un discurso españolista acérrimo y populista que trata de abrirse hueco en estos momentos de crisis junto con los goles de la “roja” en el próximo Mundial de fútbol. Nada sería más desastroso para Andalucía que volver a una “administración directa” de Madrid, a no ser que apliquemos esa máxima del “cuánto peor mejor”, e insistimos, esto no es una defensa del Estado español de las autonomías. Ni tampoco esto supone asumir el derroche de las comunidades autónomas, y la andaluza en particular, que éstas han protagonizado estos años.
Andalucía es deficitaria en todo en casi todo en comparación con otros territorios del Estado español y de la Europa comunitaria. Por tanto, todas estas medidas tendrán una especial incidencia en nuestro país debido a sus históricas y ya conocidas debilidades estructurales. El estímulo que ha sido para Andalucía la inversión y el dinero público, eso sí a cambio muchas veces de una determinación económica y política cerrada y conducente a mantenernos en la dependencia, caerá, y con ella muchas pequeñas y medianas empresas andaluzas que en todos estos años han tirado del empleo, y han sido relativamente útiles (recalcamos esta relatividad) en la mejora de infraestructuras, etc.
Todo esto pone, una vez más, de manifiesto la existencia de unas instituciones andaluzas sin ninguna capacidad de actuación real para solucionar los problemas del pueblo andaluz y la clase obrera andaluza. Este Estado de las autonomías es un engaño, fue un engaño desde el principio, simplemente no hay autonomía, existen unas instituciones andaluzas que forman parte de un Estado, cuyo Gobierno es el que decide y ejecuta. La Junta de Andalucía es y será administración del Estado. Por tanto, la verdadera autonomía es y será la soberanía nacional.
Un episodio relacionado con el aspecto financiero de la crisis ha saltado a la palestra en Andalucía: se trata de la intervención de Cajasur por parte del Banco de España. Si bien es cierto que la situación de esta entidad era francamente lamentable, fruto de una gestión nefasta del Opus Dei cordobés, no es menos cierto que la intervención ha sido también un golpe, o más bien, un castigo, dirigido por esa trama político-económica en la sombra formada por el PSOE andaluz que lógicamente controla múltiples resortes, que pretende la creación de una gran caja andaluza entorno a la poderosa Unicaja, que no tolera la más mínima contrariedad. En este sentido, podemos coincidir con amplios sectores políticos y económicos en las bondades de la existencia de una gran caja andaluza, y más en estos momentos de crisis, pero seguro no lo haremos en la intención, es decir, en el para qué nosotros, comunistas andaluces, queremos la existencia de una gran caja andaluza. Nuestras intenciones, y sobre todo, nuestros intereses de clase, y también nacionales, nos diferencian.
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